La tormenta indulta al Caballero de Olmedo
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La tormenta indulta al Caballero de Olmedo

La excelencia del teatro siempre acaba siendo rentable. El Festival de Teatro Clásico de Olmedo demuestra cada año que si la cultura es buena, la sociedad mejora. No hay que perdérsele. El teatro permite conocernos mejor, hacernos más tolerantes y siempre abre un diálogo con el otro.

Pronunció Don Alonso (Daniel Albaladejo) la palabra amor y los primeros rayos y truenos hicieron acto de presencia sin autorización del autor y haciéndose dueño del cotarro. Esta noche los actores, no sé bien por qué, les notaba motivados, (como se dice ahora constantemente) entregados. Sus voces, sus cuerpos, sus silencios representaban la vida, el amor, el engaño, la muerte… Por la tarde salió Inés / a la feria de Medina, / tan hermosa, que la gente /pensaba que amanecía. Todos reivindicaban los pilares del método Stanislasvki: Relajación, Concentración, Emoción, Palabra y Emoción.

 

Como el público ya conoce de sobra a los personajes y la obra, asiste al espectáculo pensando exclusivamente en disfrutar en las idas y venidas de Olmedo a Medina y viceversa. Estoy seguro que la mayoría de los presentes hemos hecho ese recorrido, estaría por afirmar que los olmedanos al cien por cien. Siempre ha existido “el puente aéreo Olmedo-Medina”.

 

La noche había comenzado estupendamente. Tomarte una tostada de gambas, un par de croquetas de bacalao y unos huevos cremoso en el Bar restaurante Jimeno Factoría, en la Plaza Mayor pone buen cuerpo. El teatro y la gastronomía tienen muchos en común. El comensal, cuando llega el plato a la mesa es capaz de distinguir lo bueno de lo que no lo es. Sabe si el producto es de calidad o no. Pasa lo mismo con el espectador. Noviembre Compañía de Teatro tiene la obra de El Caballero de Olmedo muy preparada. Y el público lo sabe. Consigue que la historia y los personajes lleguen al espectador y que se produzca ese instante especial.

 

Siempre que llego a Olmedo tengo que acordarme de José Antonio González Caviedes, de Marino, del Piti, de Fisi (mi amigo) de Ricardo y Víctor, tan amigos de Marceliano, de Carlos “el de Los Marinos” de Mariano, de Venancio, del Bebé del Olmedo, de Tomás Carretero que tenía una tienda de ultramarinos que algunos la llamaban “El Corte Inglés del Olmedo”, de Jesús ·”el del baile”, del Bar Chile, de Mendo, de Sindo, de Mariano Conde…

 

Volvamos a la Corrala de Comedias. El teatro mantiene viva la leyenda del Caballero y la mantiene todos los años en el momento justo en que se produjo. Está muy vivo porque deja espacio a la muerte. El espectador reconoce la fuerza de esa experiencia como única.

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