"La supervivencia es un juego mental, donde hay que ganar tiempo. Cuando la partida acaba, mueres"

Carlos Vico es un experto en supervivencia extrema. Todas sus vivencias las traslada a la empresa para ofrecer soluciones y herramientas en situaciones complicadas.

Ha convertido la supervivencia extrema en su forma de vida. Puede estar a 65 grados en un desierto o a -50º en Siberia: su único objetivo es no morir. Carlos Vico tuvo una experiencia hace seis años que le cambió la vida radicalmente. Ahora él dirige su escuela de supervivencia y utiliza sus conocimientos para trasladarlos al mundo empresarial. Este fin de semana en Valladolid ofreció una conferencia en el marco de la IV Muestra ‘Nuevas ideas para nuevos tiempos’.

 

PREGUNTA. Los oyentes alucinarán con sus experiencias.

RESPUESTA. Sí, porque la gente ve que es una experiencia de superación total, pero además te has metido porque lo has buscado. Yo me dedico a la supervivencia extrema que es llevar el cuerpo y la mente al límite. Son situaciones tan complicadas como cruzar un desierto en cuatro días sin llevar agua ni comida. Pero al final hay que buscar soluciones, y por ejemplo en mis charlas siempre explico cómo encontrar agua en el desierto: solo hay que fijarse en cómo funciona el entorno y al final es fácil extraer agua.

 

P. Qué cuenta en su libro 'Superviviente. El miedo bajo control' 

R. Si me hubieran dicho hace cinco años que escribiera un libro hubiera dicho que no. Pero cuando volví de mi viaje de Groenlandia que me cambió la vida necesitaba contarlo, incluso como terapia…

 

P. ¿Qué ocurrió en Groenlandia?

R. Era una travesía de cuatro días en solitario. Me dejaron en helicóptero a 80 kilómetros de un poblado. No llevaba nada, solamente una pala, una cantimplora, un cuchillo y un encendedor para abastecerme. Pero llega el Huracán Alex, cada día comienza a caer un metro de nieve, vientos que superaban los cien kilómetros por hora, solo seis horas de luz al día, temperaturas de -25º… Me quedé encerrado en un valle e intentando salir, se rompió una placa de hielo y caí al agua. Rompo el hielo con los puños, puedo salir, pero tardan catorce horas en rescatarme. Tuve que quemar la ropa, hacer ejercicio... para no morir de hipotermia. Me encontraba en un punto que luchaba por ganar minutos de vida.  Todos esos conocimientos que adquirí tenía necesidad de comunicarlos y es lo que hice en este libro. Yo quiero hacer entender que el tiempo se gana. Si llegas a los 80 años es porque te lo has trabajado.

 

 

P. ¿Cuándo comienza Carlos Vico a ser un superviviente?

R. Con tres años. Mi abuelo era trampero y me llevaba con él a la montaña. De él aprendí la subsistencia: a cazar, a refugiarse, a sacar agua… Pero hace seis años mi vida cambió. En 2008 heredé la empresa de mi padre de cristal y alumnio y con la crisis económica me duró dos años. Hice varias obras grandes y no me pagaron. Fui a piqué: perdí la empresa, debía mucho dinero, me quitaron la casa, el coche, tuve un divorcio… Para desestresarme un poquito me fui unos días a la montaña. Se vino un amigo conmigo. Yo no llevaba nada, cuando había que comer me iba al río cogía dos truchas y así sobrevivía. A la semana siguiente fueron dos colegas más y a la semana siguiente, diez... Entonces me decidí a cobrar por esas enseñanzas y monté la escuela de supervivencia junto a la montaña de Monserrat, en Barcelona.

 

P. Parece el inicio de una película

R. Pues en estos seis años ya han pasado 700 alumnos: militares de todo el mundo, empresarios, bomberos, policías… Ahora doy cursos por todo el mundo y además tengo otra vertiente: me dedico a llevar el mundo de la supervivencia a la empresa e incluso he llevado a grandes empresarios al desierto para mostrarles que todo su emporio no vale un vaso de agua.

 

P. Has hablado de Groenlandia, del desierto… ¿Qué otras experiencias te han marcado?

R. En los Alpes la lié gorda también. Me fui de excursión con lo mínimo, subí una montaña sin apenas medios y bajando se me rompieron los pantalones, me perdí y tuve que dormir en un montón de estiércol para no morir de hipotermia. Cuando bajé al pueblo a intentarme tomar un café, oliendo a estiércol, nadie me atendía (recuerda entre risas). Ahí es cuando te empiezas a dar cuenta de que la supervivencia no es algo físico sino mental.

 

 

P. ¿La supervivencia está lejos o también en el día a día?

R. La supervivencia es un instinto de reacción ante una amenaza: en Groenlandia y en nuestro día a día. Cuando el jefe te pega una bronca tienes cuatro pánicos básicos: me peleo con él, me largo de la empresa, me quedo bloqueado o hago una sumisión. Pero eso mismo funciona con una bronca de pareja  o cualquier parte de tu vida. Yo eso lo he sacado de mis vivencias extremas. Y cómo hacer para que eso no pase o que una persona entienda tu posición. Eso siempre lo explico con un triángulo de interés, amor, miedo. Quiero que una persona en una empresa funcione: si lo hace por interés siempre habrá que remunerarle con dinero, si lo hace por miedo funcionará con uno de los cuatro pánicos y si lo hace por amor y hago que ame el proyecto será una relación de larga duración. Pasaría igual con mi pareja, con un amigo o con mi hijo.

 

P. ¿Cuál es lo más extremo que ha vivido? ¿Quizá Groenlandia?

R. No hace falta irse tan lejos para vivir una experiencia de supervivencia. Cuando perdí la empresa y lo perdí todo fue uno de los momentos más complicados de mi vida. Aunque es cierto que en Groenlandia hubo un momento en el que me abandoné y me eché a dormir, no podía más… pero en esos momentos escuché un zumbido, eran las motos de nieve a recogerme.

 

P. ¿Cuál es el próximo proyecto?

R. Siberia. Me voy en enero, pico máximo de temperatura con -50º. Voy a hacer una fuga de un campo de concentración ruso. A las doce horas de mi huida saldrán tres policías con perros en mi búsqueda. Son cuatro días de ruta en territorio de lobo y de oso, con tan solo un cuchillo y una cantimplora, como si fuera un preso.

 

 

P.¿Hay técnicas en supervivencia?

R. Sí. Pero a mí no me interesan. La técnica te da un 'abc' y en una situación de supervivencia tú vas a buscar ese 'abc', si por alguna causa no lo logras, mueres. Yo prefiero abrir la mente, ser resolutivo, un tío creativo y que no tenga bloqueo. A nivel mundial, lo que yo hago no lo hace nadie… solo buscan técnica.

 

P. Y ¿la comida?

R. Yo como de todo. Enseño en mis cursos que es más fácil levantar una piedra y recoger lo que encuentras que intentar atrapar un conejo, es mucho más complicado a nivel tiempo-energía en una situación de supervivencia. Además en otros países los insectos son una delicatesen y pagas una pasta por ellos; pero aquí –por cuestión social- comemos caracoles, que es lo más asqueroso del mundo, pero no comemos un saltamontes o un grillo.

 

P. ¿Se siente un bicho raro en la gran ciudad?

R. Me siento muy mal. Atrapado, agobiado…

 

P. Por último, ¿qué es la supervivencia?

R. Un juego de habilidad mental constante donde intentas ganar tiempo. Cuando la partida acaba, mueres. Y no hace falta estar en la jungla.