La solemnidad del Atado a la Columna inunda las calles vallisoletanas en la Peregrinación de la Promesa

La gran talla de Gregorio Fernández camina hacia la iglesia de Nuestra Señora de belén donde se renovó la promesa.

El 'Señor Atado a la Columna' es una de las tallas emblemáticas de la Semana santa de Valladolid. Su realismo, su solemnidad, su expresividad conmueven a cualquiera. 399 años después de su talla por el Gran Gregorio Fernández, el Señor Atado a la Columna volvió a salir en su procesión de la Peregrinación de la Promesa.

 

Si el Lunes Santo, durante la procesión del Santísimo Rosario del Dolor, la talla de Fernández tuvo que ser tapada con plásticos y devuelta a la iglesia de la Vera Cruz, en esta ocasión la climatología fue benévola y el desfile penitencial se pudo hacer de forma íntegra.

 

Alumbrado por su cofradía titular, que partió desde el Monasterio de Santa Isabel, el Atado a la Columna se dirigió desde la iglesia de la Vera Cruz para dirigirse hasta la iglesia de Nuestra Señora de Belén, donde tuvo lugar la Renovación de la Promesa, ante la imagen de la Virgen del Pilar, que se trasladó desde la iglesia de la Pilarica, donde tradicionalmente se hace este acto, pero que este año han impedido las obras en el barrio.

 

El desfile regresó por Gabriel y Galán, plaza de Luis Braille, Santa Lucía, Verbena, San Juan, Velardes, Juan Mambrilla, Ruiz Hernández, plaza de la Universidad, Arzobispo Gandásegui, plaza de Portugalete, plaza de la Libertad y Macias Picavea hasta la iglesia de la Vera Cruz, donde quedó depositado el paso 'El señor atado a la columna'.