La soledad del acróbata

Combinar acrobacia y música es un a arte. Maridar vuelos, saltos, piruetas y equilibrio esta noche es todo un reto para la Compañía australiana Circa. Si una sola de las piruetas falla, el espectador podría tener una mala experiencia. Cada artista sabe cómo tiene que comportarse en OPUS. Así las cosas suelen ir bien.

FICHA TECNICA. Valladolid. Teatro Calderón. Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle. TaC. Sección oficial. Circa. OPUS. Director: Yaron Lifschitz. Productor: Danielle Kellie. Director Técnico: Jason Organ. Cuarteto Debussy. Acróbatas: Caroline Baillon, Nathan Boyle y otros.

 

La principal arma de los acróbatas de la Compañía Circa no es su habilidad para realizar la coreografía del espectáculo, sino su extraordinaria capacidad para decir a cada uno de los espectadores: “Mírame”. Al fin y al cabo lo que están proponiendo, lo que la acrobacia propone es una conversación constante.

 

OPUS es un espectáculo que contiene vida y consigue el prodigio de hacer sentir al espectador que está pasando una velada inolvidable. Como si estuviera asistiendo a la boda de su única hermana. En el escenario, el desafío es enorme y el riesgo que asumen los catorce acróbatas es físico, en cualquier momento se pueden “romper la crisma”.

 

Aquí, -dice Caroline Baillon- es donde yo creo cada noche, este escenario ahora es parte de mi casa, mi acto creativo, diferente cada noche y frente al público. Estar colgada de una cuerda a cuatro metros del suelo resulta fascinante.

 

Volvamos al escenario. La música de Shostakóvich llega al tímpano a través de las vibraciones y es transmitido al cerebro que las interpreta y da significado. Cada espectador oye de manera diferente e incluso viendo como los intérpretes tienen los ojos vendados, la vista interpreta a su libre albedrío vivencias y cargas emocionales que no estaban previstas en su guion.

 

La atención que prestan los espectadores dura ochenta minutos. Prestando atención lo que se logra es que el público deje su mundo personal, el tirano yo, y disfrute activamente del espectáculo y así compartir todo el poder que tiene la música y el movimiento.

 

OPUS provoca emociones en los espectadores. Pero de alguna manera -como decía Pavarotti- esa capacidad de emocionarse debe encontrarse en el público en estadio “potencial” y que la representación hará de catalizador y provocará que este potencial se materialice en una emoción concreta. Esta noche el espectador recoge todo lo que ha puesto de su parte. Lo decía una espectadora a la salida… Se estaba muy a gusto ahí dentro.

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