La situación de ilegalidad del Duque de Lerma impide la apertura de un restaurante panorámico en su última planta

Alberto Gutiérrez sentado en la Planta 23 del Duque de Lerma que quiere convertir en restaurante.

El joven empresario vallisoletano Alberto Gutiérrez adquirió la planta 23 del edificio por un millón de euros en julio de 2015. Se destapó entonces que se carecía de proyecto de actuación en el momento de la rehabilitación del edificio y ahora se deniegan  las licencias para el futuro restaurante.

 

¿Quiere disfrutar las vistas desde el techo de Valladolid?

 

Alberto Gutiérrez quiere compartir su sueño con los vallisoletanos. ¿Cómo? Va a ofrecer a 200 vecinos de Valladolid la posibilidad de contemplar las imponentes vistas que se dominan desde la planta 23 del edificio Duque de Lerma, el techo de la ciudad, con 87 metros de altitud, que superan en casi una veintena la torre de la catedral. ¿Cuándo? Alberto Gutiérrez ha elegido un día significativo. Será el 31 de diciembre, último día del año, de 11 a 14 horas. Los interesados deben inscribirse en la web www.civitatis.com/planta23 a partir del lunes 26. Una experiencia que merece la pena.

¿Quién no ha pensado alguna vez las vistas que se tienen que denominar desde la última planta del edificio Luque de Lerma? ¿Quién no ha pensado que un restaurante-mirador podría ser una solución perfecta para ese espacio? Un joven vallisoletano de tan solo 33 años también tenía este sueño y un proyecto para convertir el inmueble de más de 550 metros cuadrados en un restaurante apto para todos los bolsillos, que se completarían con media docena de apartamentos turísticos.

 

El dueño de la empresa Civitatis, Alberto Gutiérrez, especializada en tours en español en 70 destinos de todo el mundo, adquirió por algo más de un millón de euros la planta 23 del mítico edificio en julio de 2015. Su deseo era que el privilegiado espacio se convirtiera en un negocio hostelero a la mayor brevedad. Pero cuando solicitó las licencias oportunas en el Consistorio comenzó su calvario.

 

Los permisos fueron denegados, cuando el Consistorio descubrió la situación de ilegalidad del edificio que carece de proyecto de actuación aprobado. El concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, siempre ha mostrado su intención de solucionar cuanto antes este embrollo, aunque devuelve la pelota al tejado de la Comunidad de Vecinos.

 

Todo arranca en una sentencia del Tribunal Superior de Justicia (año 2004) que anulaba el acuerdo del Gobierno municipal y por tanto la licencia de obras para remodelar el histórico edificio y convertirlo en inmueble de residencia y oficinas. Se pedía el citado proyecto de actuación con sus correspondientes cesiones al Ayuntamiento y la urbanización del entorno del edificio; algo que después de más de 12 años no ha llegado y es ahí donde radica la ilegalidad del edificio y, por tanto, la negativa de las licencias.

 

Alberto Gutiérrez ha mostrado la planta 23 a este periódico. Asegura que su deseo es seguir adelante con el proyecto. Aunque no está dispuesto a esperar por tiempo ilimitado. “Todo el mundo se limita a decir que cuando se apruebe el Plan General del Ordenación urbana los problemas cesarán; pero eso no sabemos si se producirá en meses o años”, dice el promotor, quien confiesa que “cosas como estas hacen que se te quite la ilusión”.

 

Pero el proyecto es tan atractivo, que este joven y exitoso empresario no quiere darse por vencido. Se trata de una planta totalmente acristalada de suelo a techo en sus cuatro caras. “Yo no lo conozco en otro lugar, quizá el ejemplo más parecido serían las cuatro torres de Madrid. Pero este espacio es privilegiado, con las vistas al río y en pleno centro de la ciudad”, explica el promotor.

 

Su idea es montar un restaurante de cocina internacional. “Pero nada de estrellas Michelin”, advierte. “Yo quiero que sea asequible para todos los públicos y se pueda comer con esta inmejorables vistas por tan solo 25 euros”. Alberto Gutiérrez dice que para conectarlo con su sector, se trataría de cocina internacional con jornadas diversas a lo largo del año. “Por ejemplo, dedicar una semana  la cocina tailandesa, con un cocinero especializado”, apunta.

 

Por el momento, tan solo es un sueño. Y es que Planta 23 (posible nombre del restaurante) deberá esperar a que Ayuntamiento de Valladolid y Comunidad de Vecinos arreglen un embrollo legal que ha salpicado a un proyecto que quería mostrar las vistas más imponentes de la ciudad.