La senda de los Elefantes

La expresión de moda estos días entre los analistas políticos y económicos es “el elefante en la habitación”. Esto de tener un elefante en la habitación es una frase que al parecer pudieron leer por primera vez en junio de 1959 los estadounidenses en The New York Times. Se refiere a los problemas graves y evidentes que pese a estar ahí, nadie se atreve a tratar, ni siquiera a mencionar. Puede que esta expresión tenga su origen en una fábula de Krylov. O que la idea se hiciese popular en Estados Unidos a raíz de un relato del genial Mark Twain, “El robo del elefante blanco”, en el que unos detectives intentan encontrar un elefante robado que está a la vista de todos. Pero la idea con la que hay que quedarse es que, si hay un elefante en una habitación, es imposible no darse cuenta. Así que quienes pretenden no verlo están fingiendo y lo hacen para no enfrentarse al problema.

 

Bueno y ¿cuál es el elefante que tenemos ahora en nuestro salón? Pues no es otro que el de la gran depresión económica que ya tenemos encima y que nuestros políticos siguen ignorando, centrados en hacernos creer que de lo que se trata es únicamente de combatir la epidemia y de superar la crisis sanitaria. Planeando la “desescalada” y los arcanos de las fases de desconfinamiento, nadie parece pensar en soluciones al problema que en otoño ya no podremos ignorar. Será el momento en el que la gran depresión y el gran ajuste nos pasarán por encima. Si no ponemos solución, el mundo que conocemos va a quedar arrasado como la plantación de té que los Wiley tenían en Ceylán en la novela de Robert Standish “La senda de los elefantes” que Hollywood llevó al cine. El paralelismo es curioso, porque en la novela todos los problemas los origina una epidemia de cólera.

 

Las medidas que está poniendo el Gobierno encima de esa “mesa de reconstrucción”, con la que pretende emular Los Pactos de la Moncloa, son para mejorar la protección social, la renta mínima, aumentar el gasto en Sanidad, garantizar los sueldos de los funcionarios y las pensiones, subir impuestos y crear otros nuevos. La imaginación en este campo de nuestro vicepresidente Iglesias parece no tener límite. Debería emplearla en otras cosas, todos se lo agradeceríamos. Y debería darse cuenta de que su plan para bolivarizar España tiene un grave defecto: aquí no producimos petróleo para expoliar ni cocaína para traficar.

 

De lo que no se habla es de cómo haremos para garantizar la sostenibilidad, no ya del Estado del Bienestar, sino del Estado a secas. Sin empresas, sin empleos, sin creación de riqueza no hay impuestos, no hay Estado y no hay ningún bienestar posible. A ver si se enteran los socios chavistas del Gobierno. No hay ejemplo más ilustrativo que lo que ha ocurrido en su admirada Venezuela gracias a su bien pagado asesoramiento. Claro que los venezolanos están en la indigencia y los asesores podemitas españoles en Galapagar.

 

Al principio de esta epidemia en España, allá por el mes de marzo, la idea de moda era la “recuperación en V”. Esto iba a ser un simple paréntesis, como cuando alguien se rompe una pierna y está un mes o dos en el hospital. Luego, se quita la escayola y vuelve a su vida normal como si nada hubiese ocurrido. Iban a ser un par de meses malos encerrados en casa, pero luego todo volvería a la normalidad, la economía retomaría su ritmo y aquí paz, y después gloria. Ya sabemos que esto no va a ser así. El escenario más optimista sitúa ahora la caída para 2020 en un 12% del PIB, el doble de la que se prevé para Alemania. Y hay muy serias dudas de cuándo se van a poder recuperar, si es que alguna vez lo hacen, sectores tan fundamentales para nuestro país como el turismo y la hostelería.

 

Es evidente que la clase media va a volver a sufrir un nuevo descenso en su nivel de vida, que será aún más pronunciado en las clases populares, que ya hacen cola para pedir comida en los centros sociales. La mayoría de ellos, por cierto, fruto de la iniciativa de la sociedad civil. Siempre son los que más sufren y esta vez no va a ser diferente. Y todo esto lo va a tener que gestionar un Gobierno que hasta ahora solo ha demostrado su incontinencia en el gasto público para poner en marcha, durante los meses previos al coronavirus, medidas de corte electoralista, como las subidas del SMI y los viernes sociales, que ahora no nos dejan ningún margen presupuestario para hacer más llevadera la depresión que se nos viene encima como una manada de elefantes.

 

A diferencia de lo que ocurrió en 2008, tanto la Unión Europea como los bancos están aportando solvencia al sistema y habrá liquidez, pero las deudas hay que pagarlas y eso va a requerir un tremendo ajuste presupuestario. Va a ser imprescindible para recuperar el equilibrio y poder así asegurar la sostenibilidad del Estado y de las políticas sociales. Este ajuste sin precedentes es el elefante en la habitación que nuestros políticos están ignorando. Lo llevan haciendo desde hace años y se limitan a seguir proponiendo presupuestos expansivos, aumentos de impuestos y gastos que no generan riqueza y que no vamos a poder seguir pagando, por mucho que se empeñen.

 

La única solución es mirar de frente al paquidermo. Hay que hacer grandes ajustes de gasto y al mismo tiempo relanzar la economía. ¿Imposible? Puede parecerlo, pero no lo es. Hay que ayudar a empresarios, profesionales y autónomos. Favorecer con la legislación la creación de empresas y empleo en vez de entorpecerla. Contar la con la opinión de todos los sectores económicos, escuchar sus peticiones y tenerlas en cuenta para ayudarles a retomar su actividad. E identificar las inversiones más productivas, las infraestructuras más necesarias y ponerlas en marcha con el apoyo de la colaboración privada, que puede aportar financiación y capacidad de gestión. Si no, nos daremos un trompazo del que tardaremos décadas en recuperarnos.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: