La Semana Santa destaca Valladolid como lugar turístico

Este Jueves Santo 13 de abril la ciudad se ha convertido en un hormigueo de personas, muchas de ellas foráneas: Iglesias con cola para ser visitadas, terrazas llenas, y calles por las que se hacía difícil andar incluso aquellas cortadas al tráfico.

Si paseas por la Plaza España, te será difícil encontrar una mesa para tomar algo. Si eres de los que se estresa con las aglomeraciones, la Plaza Mayor, la Plaza de la Universidad o la zona del Teatro Calderón, mejor ni las pises. Olvídate del coche por el centro, y prácticamente también del transporte público, ya que muchas calles permanen cerradas al tráfico. Incluso ir con la bicicleta se hace realmente difícil.

 

Esta es la estampa que deja el Jueves Santo, 13 de abril, en Valladolid. El interés cultural que suscita la Semana Santa y el buen tiempo, con cielos despejados y temperaturas máximas en torno a los 25º, han hecho que sean muchos los foráneos que han optado por la ciudad del Pisuerga para tomarse unas vacaciones. Ellos, unidos a los de aquí, y a quienes se acercan desde otros puntos de la provincia para pasar el día, han hecho que la ciudad sea un hormiguero de personas como pocas otras veces (por no decir ninguna, salvo quizá las fiestas patronales) se logra ver.

 

Con los hoteles prácticamente completos durante estos tres días (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo) los turistas han hecho suyo el centro de la ciudad. A muchos, hoy, se los reconoce por el mapa, siempre listo en la mano, y por esa típica mirada desconcertada de quien aterriza por primera vez en un sitio desconocido. Durante el día también se ha visto mucho trasiego de maletas, y por la calle la variedad de lenguas que se pueden escuchar crece, ampliándose el castellano (con sus diferentes acentos) con el inglés y el francés.

 

Por delante restan tres días cargados de procesiones, y aún faltan algunas esta noche de jueves. La ciudad muda su tradicional calma y recibe el bullicio (en ocasiones molesto cuando se presencia una procesión en la que debería reinar el silencio), transformándose en una de esas urbes más acostumbradas a recibir visitas a miles a diario. A partir del lunes tocará hacer balance y saber cómo se ha traducido esa alegría en las calles en las cuentas de la hostelería, el resto de negocios, y los museos e Iglesias.