La Semana Santa de Valladolid se hace Encuentro

GONZALO RICO
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La Virgen de las Angustias y Cristo Camino del Calvario vuelven a protagonizar uno de los momentos cumbres de la Pasión de Valladolid, en el Encuentro en la Plaza de Santa Cruz.

Había temor por lo ocurrido en la tarde-noche del Lunes Santo cuando, con todos los pasos en la calle del Santísimo Rosario del Dolor, comenzó a llover inesperadamente y en contra de lo anunciado por las predicciones meteorológicas. Por eso, andaban en la mañana y en la tarde del Martes Santo los cofrades mirando al cielo, un cielo azul purísima que no daba indicios de que la lluvia volviera hacer acto de presencia.

 

Finalmente todo salió según lo esperado e incluso las temperaturas también acompañaron a este momento, uno de los más álgidos de la Semana Santa de Valladolid: la procesión en la que la Virgen de las Angustias se encuentra con su hijo, 'Cristo Camino del Calvario'.

 

A las nueve menos cuarto las puertas de la iglesia penitencial de las Angustias se abrían y de ellas salía una imponente planta de procesión, con muchos cofrades, mantillas y niños, el futuro de la Semana Santa está asegurado. A los sones del himno nacional, la que ha sido considerada la Señora de Valladolid, salía de forma solemne de su templo penitencial. Minutos antes, de la iglesia de San Andrés salía, también en hombros, la imagen de Cristo Camino del Calvario, alumbrado por la cofradía del Santo Cristo Despojado, camino de la Plaza de Santa Cruz donde rememorar uno de los acontecimientos más dolorosos de la Semana Santa con el encuentro entre una madre desconsolada y su hijo camino de la muerte.

 

En la Virgen de las Angustias, la llamada de honor, con la que comenzar el desfile corrió a cargo de José Vicente de los Mozos. Las dos cofradías, a paso lento, fueron discurriendo por las calles de Valladolid. Antes de llegar a la Plaza de Santa Cruz, la cofradía del Despojado realizó un acto penitencial en el Sanatorio del Sagrado Corazón por todos los enfermos.

 

Sin embargo, el momento cumbre fue cuando los dos pasos, mecidos suavemente por sus cargadores, entraron en la Plaza de Santa Cruz que, a esas horas, permanecía abarrotada con miles de personas que querían presenciar un momento único en la Semana Santa de Valladolid.

 

Los dos pasos entraban meciéndose al compás para encontrarse y protagonizar un acto de oración. Más tarde, los dos conjuntos, en hombros de sus cofrades, abandonaron la plaza para dirigirse hasta sus iglesias de partida. Antes de poner fin a la procesión, el Cristo del Olvido se encontraba con su Madre, la Virgen de Las Angustias y, más tarde, una emocionada salve a la talla de Juni despedía el desfile penitencial, seguido por miles de personas que abarrotaron las calles por las que discurrió la Señora de Valladolid.

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