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Valladolid

La sanidad que queremos y la que tenemos

EDITORIAL

El plan de Atención Primaria es el punto de partida para corregir los defectos de la sanidad pública desde una perspectiva nueva: soluciones diferentes para problemas enquistados.

Publicado el 14.10.2019

Consultorios rurales a los que el médico va dos o tres días a la semana... si va; casos en los que falta el médico porque no se cubren vacaciones o bajas; centros de salud saturados donde un mismo médico atiende 50 consultas al día; barrios enteros sin un solo punto de urgencias... Estos son algunos de los males de la sanidad pública de Castilla y León. Conviene que sepamos que todo esto está pasando, y que lo recordemos para poner en perspectiva el nuevo plan de Sacyl para la Atención Primaria.

 

Como cada vez que se avecinan cambios, no han tardado en aparecer recelos, dudas y temores. Hasta cierto punto, es algo lógico. En los últimos años, la sanidad ha sido, junto a la educación, el servicio donde más ha habido que ajustar el cinturón del gasto público. El servicio de salud pública es el más imprescindible e irrenunciable de todos los que tenemos al alcance los castellanos y leoneses, pero consume más recursos que ninguno. Las limitaciones de gasto han entorpecido inversiones y gasto, a pesar de que la Comunidad destina igentes fondos (y así debe ser), y ha habido que ingeniárselas para rebajar la factura, recortando de aquí y de allá intentando no superar la línea roja, sin conseguirlo en ocasiones. El resultado es que muchas veces el sistema ha descuidado sus márgenes, los extremos del servicio sanitario.

 

Esos confines de la administración corresponden muchas veces con latitudes geográficas remotas y es donde primero ha empezado a haber menos de todo (médicos, enfermeros, consultorios) y, al final, a no haber. Ciudadanos de Primera, que pagan sus impuestos, y que se ven menos atendidos (que a efectos prácticos es peor) que otros por la dirección postal de sus viviendas. Este es un servicio vital para una población más dispera y envejecida que en ningún lugar, con unos profesionales ejemplares que lo están dando todo, y dados los antecedentes es normal que el plan de la consejería de Verónica Casado genere resistencias. Pero, ¿son lógicas?

 

Por ahora, y como ya contó en TRIBUNA, no está previsto cerrar consultorios, ninguno; la única propuesta al respecto es concentrar en una serie de centros de salud de referencia determinadas atenciones, pero la promesa es que todos seguirán abiertos, y que habrá mejor transporte para acudir a los consultorios de referencia y que estos tendrán mejor material y tecnología. Esto es lo que más rechazo ha generado, no tener médico siempre a mano, aunque sea dos días a la semana, pero concuerda con el mismo pensamiento que nos lleva a pedir una piscina para cada pueblo aunque no haya presupuesto para agua, ni para que tenga bar o unas buenas instalaciones.

 

Además, algunos consultorios los atenderán más los enfermeros que los médicos, y será así por un motivo concreto: un alto porcentaja de las consultas con las que llegan los pacientes son competencia de la atención enfermera. Los médicos seguirán atendiendo a sus pacientes, pero en vez de hacer decenas de kilómetros para atender unas pocas consultas, lo harán de manera centralizada, lo que debe mejorar la atención que prestan; lo podrán hacer también por teléfono, una experiencia que ya se ha probado con las urgencias pediátricas y que funciona. Por supuesto, seguirán visitando a domicilio cuando sea preciso. 

 

Este es el plan que defiende la consejera. Puede que no sea perfecto y que tenga que sufrir cambios para ajustarse a la realidad sobre el terreno. Y puede que en la adaptación haya cosas que no encajen. Pero tiene una cualidad muy importante: es la prueba de que la nueva responsable de Sacyl no se conforma con lo que se ha  hecho hasta ahora, ni con los resultados que da. No se conforma con que un paciente se quede sin médico porque no se cubren sus vacaciones, que es lo que está ocurriendo, y su solución es que le atienda un profesional de enfermería en el consultorio de su pueblo o que acuda donde sí va a haber un médico. Y eso es coger el toro por los cuernos para que ningún paciente se quede sin atención médica. 

 

Así que toca decidir si preferimos lo malo conocido, si nos conformamos con una sanidad que muchas veces funciona solo regular y que es poco satisfactoria para profesionales, pacientes y administración: por desgracia, y no es una visión catastrofista, es la que tenemos. Toca decidir si nos conformamos con la sanidad que ya tenemos ahora o si intentamos conseguir la que queremos.

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