La rentable rivalidad regional

Hace años, un eslogan radiofónico decía que Castilla y León es una tierra grande, noble, vieja y sabía. La frase apelaba al orgullo de ser castellano y leonés e invitaba a conocer con mayor profundidad una Comunidad por entonces más desconocida.

 

Ha pasado el tiempo, pero las cosas no cambian en muchos aspectos fundamentales para asentar pilares que unifiquen demasiados criterios dispares. La construcción de un sentimiento no se compra, se trabaja con argumentos que necesitan espacio, visión y, sobre todo, intención de construir.

 

Los alcaldes de Valladolid y León iniciaron sus mandatos en 2015 con un gesto sin precedentes al acercarse en busca de puntos en común. Parecía atisbarse un nuevo modelo político que enterraba las rencillas provincianas; esa fea costumbre de mirar hacia el vecino en una absurda y continúa competencia. La rivalidad León-Valladolid ha sido alimentada por intereses políticos separatistas amparada por un indiscutible soporte de medios de comunicación tan palmeros como interesados. Esa rencilla también se ha trasladado a otros puntos como Salamanca donde se alimenta la lucha anticentralista desde la Avenida de Los Cipreses como el mejor argumento recaudatorio de una empresa que lleva en su cabecera el apellido de 'Regional´. Sobran los comentarios.

 

La conclusión es que, hoy, el Pleno del Ayuntamiento de León ha reprobado al alcalde de Valladolid y la Diputación de Salamanca se ha sumado en las críticas hacia el 'ogro' capitalino. Se acabaron las buenas intenciones. Es más rentable políticamente alimentar la rivalidad frente a un regidor que, simplemente, se limitó a defender a la ciudad que gobierna. Es decir, cumplir el mandato de los ciudadanos. Pero lejos de analizar por qué dijo esto o aquello Óscar Puente, es más sencillo romper la baraja diplomática.

 

El lío, la confrontación política y la absurda y eterna rivalidad provincial tiene mejor aceptación entre los ciudadanos que analizar objetivamente los problemas de la Comunidad. Pensar en por qué tenemos cuatro aeropuertos deficitarios en lugar de uno verdaderamente potente; en unificar criterios para apostar por la industria del español como foco de atracción económica y que no se disperse en varios territorios que ofrecen lo mismo... e innumerables ejemplos más podrían servir para justificar por qué el alcalde de Valladolid dice lo que dice sobre el verdadero sentido de las inversiones en la Comunidad. Pero es más sencillo volver al viejo discurso del centralismo, de la guerra provinciana. Al ventajismo exacerbado. Y así nos va. Aquello de vertebrar Castilla y León sigue durmiendo en el sueño de los justos. Y no hay remedio.