La posibilidad que desaparece frente al paisaje

La clave es provocar una distancia, romper con lo previsto y con fórmulas preestablecidas para descubrir nuevas perspectivas y sentidos. Todo parte de una descontextualización. Trasladando algunas escenas cotidianas y otras absurdas a una sala de teatro para que todo se analice, se mire de manera diferente. El cortocircuito está asegurado.

FICHA TECNICA. Valladolid. LAVA. La posibilidad que desaparece frente al paisaje. Idea y creación: El Conde de Torrefiel. Dirección y dramaturgia: Pablo Gisbert y Tanya Beyeler. Texto: Pablo Gisbert. Coreografía: Amaranta Velarde. Con Tirso Orive, Nicolás Carbajal, David Mallosl y Albert Pérez.

 

El individuo aunque se cree liberado, no lo está. Aunque se cree poderoso, no lo es. En la práctica se cree todo lo que le dicen, todo lo que lee en Internet. El siniestro eslogan de la cienciología estadounidense “Si para ti es verdad, entonces lo es” se propaga como una peste invisible que impide vivir en la realidad. Estamos rodeados de teorías de conspiración, de firmas a favor y en contra, de ocurrencias. Nadie quiere ser lo que es, quiere ser otra cosa.

 

Esta obra impacta desde el primer momento. Van al grano, no se andan con chiquitas. La posibilidad que desaparece frente al paisaje es un acto de resistencia. Un acto de liberación en el escenario estudiado al milímetro, con un texto potente donde el espectador se puede sentir a ratos aprisionado, ofendido, con la mirada perdida. No quiero meterme en berenjenales, pero no debe resultar nada fácil a los actores subvertir las reglas establecidas, las autocensuras, las obsesiones y salir a pecho descubierto, desnudos para mostrarnos el alma de sus personajes.

 

El LAVA huye del pragmatismo comercial, de lo trillado, de lo obvio y presenta obras de teatro que aúllan en el oído del espectador y muestra procesos artísticos que pisan el fuego, ese es el oficio del actor y de todo artista que se precie en una época en que todo se convierte en un producto para todos los públicos. La posibilidad que desaparece frente al paisaje no es una historia para entretener, es una historia que limita entre la realidad y la ficción alejado del mundo posalfabetizado que solo le interesan las imágenes en movimiento. Ya sabes eso de que una imagen vale más que mil palabras… para los analfabetos que diría Savater.

 

Aquí, en el LAVA, el teatro es percibido, en conjunto, como un escenario y una sala, con un actor y un espectador. En esta obra al espectador se le exige que sea adulto, que sea capaz de experimentar y reconocer la fuerza de esa experiencia.

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