La noche de Cristóbal Halffter
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La noche de Cristóbal Halffter

Cristóbal Halffter (Madrid, 1930- Ponferrada, 2021) un hombre que significa música, según ha dejado escrito Jorge Fernández Guerra, escuchaba afirmando, aunque estuviera en total desacuerdo. Vivió la realidad y la pesadilla de este país y fue el líder del Grupo Nueva Música con De Pablo, Barce, García Abril, Carmelo Bernaola o Joan Guinjoan. Los que le conocieron dicen de él que derrochaba generosidad y templanza a partes iguales. Disfrutaba viviendo y hacía disfrutar a quienes le trataron.

 

La música de Ramón Carnicer, Joaquín Rodrigo y Joaquín Turina que suena esta tarde en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del Centro Cultural Miguel Delibes (CCMD) sirve de homenaje a su memoria. A partir de los primeros compases de la Obertura para El barbero de Sevilla de Ramón Carnicer el tiempo deja de ser abstracto y homogéneo y se convierte en una entidad cualitativa: se relajan la rigidez de los rostros y este espacio se convierte en tu lugar en el mundo.

 

Cada ser en su sitio en honda alegría, paz, escribía Francisco Pino y que razón tenía. Qué bien se está esta tarde aquí escuchando a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) dirigida por Óliver Díaz. Una emoción subyace cuando escuchas el Concierto de Aranjuez ejecutado por el talentoso guitarrista Pablo Sáinz-Villegas. Una emoción que expresa placer ante lo que estás escuchando. El placer, escribe Fernando Mora en su libro Mitos y verdades del cerebro, como expresión emocional inconsciente, es el componente básico en la percepción de la belleza. Es un placer que nace de una interacción muy estrecha entre la corteza cerebral humana y el cerebro emocional, por eso ningún animal los posee.

 

Cuando llega el Adagio del Concierto de Aranjuez (Juan M. Urbán, solista corno inglés, brillantísimo) la nostalgia se convierte en música. El que escucha tiene que convertirlo en palabras, en fotografías, en cenas y copas y en noches y en viajes moteados por el tiempo… en poesía. El placer nunca hay que demorarlo, hay que atraparlo al vuelo en cuanto sopla a nuestro lado. El elegantísimo guitarrista Pablo Sáinz- Villegas consigue algo que todo músico quiere llegara conseguir: que los oyentes sepan lo que quiere decir. Y lo que quiere decir esta música –entre otros millones de cosas- es mucha gratitud hacia el maestro Rodrigo. La propina de padrino-rico se recordará durante mucho tiempo, porque Pablo Sáinz-Villegas nos ofreció un Asturias de Albéniz que llenó de sentido y consuelo la tarde. Y ese final con ese silencio mágico, de guitarrista excelso.

 

La Sinfonía Sevillana de Joaquín Turina nos permitió darnos una vuelta por Sevilla. El GPS le puso la OSCyL (el concertino, Juraj Cizmarovic estelar; Márius Diaz, Jennifer Moreau, Marianne ten Voorde, Dianne Winsor, Sebastián Gimeno, Asensi, Alberola, Bodí, Stefani, Molina, Pau…fantásticos) y de cicerone y guía el maestro Óliver Díaz que nos hizo disfrutar de lo lindo con su capacidad, su entrega y su sapiencia.