La historia olvidada: Napoleón Bonaparte en Valladolid

Retrato de Napoleón en traje imperial. Realizado por el pintor francés Jacques-Louis David.

Tras varias derrotas del primer imperio francés en España y Portugal, Napoleón decidió liderar las fuerzas que invadieron España en el siglo XIX. Del 6 al 17 de enero de 1809, Napoleón se estableció en Valladolid.

El 12 de junio de 1808, habitantes de la provincia de Cabezón de Pisuerga huyen a Valladolid difundiendo por sus calles los saqueos y la carnicería desatada en la Batalla de Cabezón, uno de los primeros combates bélicos de la Guerra de la Independencia de España. Estaban atemorizados por las posibles represalias de los franceses, que llegarían a Valladolid, según los archivos de la Real Chancillería de Valladolid, ese mismo día al mediodía.

 

Pero el propósito del mariscal del Imperio Francés, Jean-Baptiste Bessières, era diferente con Valladolid. Iban a respetar a sus habitantes, pero los quería desarmados. En general, el comportamiento de los imperiales franceses no ocasionó excesivos problemas que incluso vendieron a los vallisoletanos los objetos que previamente habían robado por la provincia.

 

Esta invasión a Valladolid formaba parte de la ocupación nacional del ejército de Napoleón con el objetivo de instalar en el trono español a su hermano José Bonaparte. Pero el ejército napoleónico sufrió su primera derrota a campo abierto en la Batalla de Bailén el 19 de julio de 1808. Esta derrota sumada a otras, como la acontecida en Portugal el 21 de agosto de 1808 en la batalla de Vimeira, forzó al propio Napoleón a liderar un formidable ejército que se trasladaría a España.

 

 

NAPOLEÓN EN VALLADOLID

 

El 6 de enero de 1809, Napoleón entra en Valladolid. Recoge Hilarión Sancho en sus diarios curiosos de Valladolid (1807-1849), que al paso del emperador, “los vallisoletanos no le dieron ni un viva, ni se quitaron el sombrero”.

 

Napoleón explica en una carta el motivo de su presencia en Valladolid durante diez días en plena Guerra de la Independencia. “Me veo obligado a permanecer en Valladolid para recibir los correos de París en cinco días. Los acontecimientos de Constantinopla, la situación actual de Europa, la nueva formación de mis ejércitos de Italia, de Turquía y del Rhin, exigen que no me aleje más. Bien a disgusto he tenido que retroceder de Astorga.”

 

Durante la ocupación francesa en la ciudad de Valladolid, el ambiente que se respiraba en la ciudad era tenso. Una de las primeras decisiones de Napoleón nada más pisar suelo vallisoletano fue exigir a los gobernadores que le entregasen a todos los conspiradores y colaboradores de cualquier confabulación en contra de los imperiales franceses.

 

La gaceta de Madrid recogía un extracto del diario del ejército de España en el que se relataba que habían sido condenados a muerte seis hombres en Valladolid, principales autores de las muertes causadas a los franceses en Valladolid. El clero pidió el perdón para uno de los hombres, que era padre de cuatro hijos. Finalmente se le conmutó la pena, para de esta forma manifestar su satisfacción por la buena conducta que el clero de Valladolid ha guardado en muchas ocasiones importantes.

 

Napoleón, astuto propagandista y excelso estratega, ofreció varias arengas al pueblo y a los regidores de Valladolid, para en la mayor medida posible, desmenuzar el ánimo de resistencia que pudiera existir en los corazones de los vallisoletanos. Éstos son varios fragmentos de una de las arengas de Napoleón en Valladolid, recogidas por el diario la Gaceta de Madrid, un 14 de enero de 1809:

 

“Estamos obligados a aconsejaros que desechéis lejos de vosotros las insinuaciones de los enemigos del orden y la tranquilidad pública; que alejéis igualmente las ilusiones que podrían ser funestas, y que quieren propagar hombres fanáticos, a quienes les ciega la pasión. Los sucesos decisivos que acaban de verificarse deben destruir las esperanzas culpables, y proporcionar a los españoles, fieles y amigos de la paz pública y de la felicidad de la patria, la confianza y la tranquilidad”.

 

“Y todos los males que agobian a la España no pueden cesar sino sometiéndose sinceramente todos los habitantes a su rey D. José Napoleón I”.

 

Durante los once días en los que Napoleón, al frente de su destacamento, estuvo establecido en Valladolid, los ciudadanos pudieron comprobar en primera persona la elegancia y fastuosidad del poderoso primer imperio francés. Aunque por otra parte, según recoge el Archivo General de Simancas, fueron cuantiosos los habitantes vallisoletanos que decidieron emigrar de la capital a los municipios limítrofes durante la estancia del emperador de los franceses, y que pasadas unas semanas tras la marcha del Napoleón de Valladolid volvieron a su habituales viviendas.

 

Finalmente, el 17 de Enero de 1809, una de las figuras más emblemáticas de la historia de la humanidad, abandonaba la ciudad vallisoletana en dirección a Burgos.