La historia de “la morenita”: la entusiasta vendedora de la ONCE que alcanzó la felicidad en Valladolid

La dominicana Marcela López Araujo vino hace once años a Valladolid en busca de una nueva y mejor vida. Atrás dejó su profesión de enfermera y ahora es feliz como cuponera.

Marcela López Araujo, delante del punto de venta de la calle de Santiago. TRIBUNA

Once preguntas, once respuestas:

 

1. Una afición: El baile.

2. Su mejor momento como vendedora: Cuando di el premio: 3.000 euros.

3. Y el peor momento: Un día que vendí un cupón y el cliente se lo olvidó en el mostrador de la caseta.

4. Su mayor premio: Mi familia, ese es mi mayor premio.

5. Es supersticioso: No. 

6. Un juego: No soy de mucho juego. De vez en cuando un cupón.

7. El número de la suerte: El 7.

8. Su mayor apuesta en la vida: Traer a mi familia a Valladolid. Todo lo que trabajaba lo trabajaba para ellos.

9. Salud, dinero o amor: Salud.

10. Su mayor capacidad: El optimismo: estoy feliz y contenta.

11. Qué es para usted la ONCE: Ilusión.

Marcela López Araujo es dominicana pero lleva en España, concretamente en Valladolid, once años. Y tan feliz. Y eso que los inicios no fueron especialmente fáciles. Tuvo que dejar a su familia, marido y tres hijos allí. Pero la lucha de una madre coraje es mucho más fuerte que cualquier impedimento, problema o complicación con la que golpeé la vida. Y a pesar de los casi 7.000 kilómetros de distancia, Marcela se sentía tan cerca de los suyos que no cesó ni un solo día de trabajar por su sueño: volver a reunir a su familia, pero está vez muy lejos de su San Cristóbal natal, en Valladolid.

 

Y vaya que los consiguió. “Me llevó casi dos años”. Dice con ese acento tan melódico que revela su procedencia. Acude a la cita con TRIBUNA de punta en blanco, o como ella dice “muy arregladita”. Es su día de descanso y no renunciará al gimnasio. Se cuida y eso se nota. Mirada sincera y brillante, sonrisa imperturbable y rizos alborotados que hacen que Marcela parezca aún más joven. No diremos su edad, aunque quizá ya sopló 50 velas. La ‘morenita’ -“así me conocen mis clientes”(risas)- quiere contarlo todo.

 

Comencemos por el principio, pues. “Nací en República Dominicana. Soy enfermera. Llevo 11 años en Valladolid” -¿Por qué Valladolid?, interrumpo. “Vine por una amiga, me gustó la ciudad y aquí me he quedado”. Sorprendentemente no le disgusta el frío y reitera en varias ocasiones “la tranquilidad” de la ciudad y “la amabilidad” de sus gentes. Hizo su hatillo viajero con la ilusión de una mejor vida. Lo ha conseguido.

 

En República Dominicana trabajó varios años como enfermera; también montó una empresa con su marido. “Éramos negociantes, vendíamos plátano macho. Pero tú sabes, allí en mi país casi no se llega… por eso me vine a España”. Su primer trabajo fue como asistente doméstica en una casa durante siete años. Era como su segunda familia, también con tres niños. En ese tiempo pudo ver realizado su sueño: a la llamada de la ‘madre arrojo’ llegaron su marido y sus dos hijos pequeños, que aún eran menores. Todavía tuvieron que pasar algunos meses más para que el primogénito, mayor de edad, pudiera aterrizar en España con un contrato de trabajo. Objetivo cumplido.

 

La nueva vida sonreía a Marcela. Sin embargo una aneurisma cerebral lo cambió todo. Una operación, una baja y una incapacidad del 33 por ciento tambaleó los cimientos del edificio llamado felicidad que con tanto esfuerzo había construido, piedra a piedra. Tres años sin un empleo… pero Marcela [optimista] López Araujo encontró el calmante a todos sus males: la ONCE.

 

“Si soy sincera al principio creí que no me cogerían. Yo pensé que solo era para españoles… lo encontraba muy difícil. Pero una amiga me echó una mano”. A los pocos días Marcela asistía a una entrevista y el 20 de julio de 2017 ya estaba trabajando como vendedora “Qué rico”, recuerda con una expresividad hipnótica.

 

Una sonrisa ilumina su rostro cuando hace memoria. “Me puse muy positiva en los primeros días”. En el curso de formación que la ONCE imparte a los nuevos vendedores, Marcela tuvo su particular lucha con la TPV, la maquinita que usan para comprobar premios y vender muchos de los sorteos. “Se me hizo un poco difícil”, reconoce sin perder el humor. “Yo le dije a mi instructor: ‘Te prometo que lo voy a hacer bien, yo quiero trabajar en la ONCE’. Me agradaba tanto trabajar allí…” Al final superó todos sus impedimentos tecnológicos y ya ha cumplido sus dos primeros años como vendedora. Es itinerante, pero no hay lugar que se le resista. En la zona de San Nicolás, calle Imperial, calle de Santiago, cardenal Cisneros o La Rondilla. “Hasta tengo clientes que me buscan en mis diferentes destinos, solo me compran a mí”. Vuelve a reírse dulcemente.

 

Marcela pone a todo entusiasmo. Es su receta. Entusiasmo para vender un cupón, entusiasmo en el gimnasio, entusiasmo en el baile… entusiasmo en la vida como ingrediente para alcanzar la felicidad. No le importa trabajar los fines de semana. “No tengo ningún problema, el fin de semana se vende más, hay mucha clientela. El trato con los clientes me encanta”. Derrocha simpatía, alegría y dulzura.

 

Recuerda que dio un premio de 3.000 euros en el Súper Once y lo define como un momento “maravilloso”, aunque tiene una divertida anécdota que narra con mucho humor. “El cliente al que le tocó me había prometido que me invitaría a cenar a mí y a mi marido si le daba algún premio… aún estoy esperando”. Aunque para historia la de aquel cliente que, de vez en cuando, piropeaba a la vendedora, siempre desde el respeto. “Un día fue a comprar a la caseta y estaba mi marido, ya no le volví a ver jamás”. Sonríe… “Si alguien intenta ligar conmigo yo les digo: vendo cupones y estoy felizmente casada”, advierte.

 

GIMNASIO Y BAILE, SUS HOBBIES  

 

La ONCE la ha proporcionado felicidad y estabilidad. “Me siento mucho más activa y contenta, ahora”. Recuerda también el gran momento que supuso relatar su testimonio en la gala regional de los Premios Solidarios de la Once, celebrada en el Teatro Zorrilla. “Estaba muy nerviosa, me daba mucha vergüenza, pero todo salió genial”.

 

Suele viajar a República Dominicana casi todos los años. No quiere perder sus raíces; allí están sus hermanos; tantos como… “¡doce!”, exclama; aunque una vive en Barcelona. “Me quedo con Valladolid, Barcelona o Madrid me agobian”, se sincera. Sus padres ya murieron. El fallecimiento de su padre guarda una historia triste que duele en lo más adentro. “No pude ir al entierro de mi padre. Yo estaba en España… fue muy duro…sabía que allí ya no podía hacer nada”.

 

El gimnasio y el baile son sus dos hobbies principales. “A la disco no voy mucho, porque soy casera, pero me encanta ir a la pérgola del Campo Grande cuando hay sesiones de baile los domingos”. Es Marcela López, 'la morenita', la vendedora de la ONCE que derrocha entusiasmo y optimismo.

 

Comentarios

SAUDY 04/12/2019 14:36 #1
QUERER ES PODER ADENTAN CELA Y NUNCA PERO NUNCA OLVIDES QUE DIOS ES LA CLAVE DEL EXITO Y EL VA ALFRENTE DE TODOS TUS PROYECTOS TKM BENDIICONES MORENIA DE LA ONCE :)

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