La Estación de Autobuses de Valladolid: una cápsula del tiempo en medio de la ciudad

A.MINGUEZA

Poco ha cambiado en la Estación de Valladolid desde que se inaugurase en los años setenta. A lo sumo, el paso del tiempo y el descuido han hecho de las suyas, y la suciedad y la desorganización son la prueba fehaciente de ello. 


 

Corría el año 1972 cuando Valladolid inauguraba la estación de autobuses que a día de hoy sigue acogiendo a los buses que entran y salen de la ciudad. En total han pasado cuarenta y cuatro años que han estado repletos de innovaciones tecnológicas y revolucionarios avances… pero que se han olvidado de llegar hasta allí.

 

Obsoleta. Es la palabra que se usa, en no pocas ocasiones, para describir a una estación que no está exenta de polémica. Para muchos, ya sólo la localización es incorrecta y de hecho llegó a haber un plan, el plan Rogers, que sugería cambiar su ubicación a un punto más cercano a la Estación Campo Grande. De momento nada más se sabe de ese plan que por ahora podemos dar por fallido.

 

De uralita es la cubierta semicircular que cubre los hangares, un material que a día de hoy es ilegal por su insalubridad ya que contiene amianto, y no ha sido hasta diciembre del pasado año cuando se ha propuesto un plan para sustituirla. Ese nuevo plan, que incluye la retirada de la cubierta, la demolición de una garita y un hangar y poco más, aún no está definido en su totalidad, y la fecha de su aplicación está aún está en el aire.

 

Pero pongamos que lo entendemos; quizá sea comprensible que por falta de presupuesto o por falta de organización regional, la remodelación de las infraestructuras de esta estación haya pasado a un segundo plano. Al fin y al cabo, lo que más llama la atención a ojos del usuario no es si la cubierta es de un material o de otro -eso suele ser imperceptible a ojos inexpertos-. Lo que asombra y lo que no se entiende es esa suciedad que sólo puede ser prueba de un abandono a su suerte.

 

 

 

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