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La Escuela de Danza de Valladolid se mueve al compás de un cromosoma extra

La EDVA imparte formación para personas con discapacidad intelectual desde el año 2000 a fin de fomentar su derecho a disfrutar y ser protagonistas en la creación artística.

La clase mide unos 20 metros cuadrados, espacio que podría resultar reducido para la multitud de coreografías que lo inunda. Las barras de ballet esperan, pacientes, poder ejercer como pilar maestro de algún demi plié y, al fondo, una pared de espejo duplica, cada día, el número de alumnos que da vida al aula.

 

La simetría que produce ese reflejo, un cara a cara de punteras, tutús y mallas, es ya algo rutinario en la Escuela de Danza de Valladolid (EDVA). Al otro lado del cristal, las réplicas de los bailarines imitan, burlonas, cada uno de sus movimientos. Pero en el caso de algunos alumnos, a esa copia extra, se suma una tercera que es invisible: la trisomía del cromosoma 21, el trastorno genético que causa el Síndrome de Down.

 

Tchaikovsky y Michael Jackson, danza española y ballet, disciplina e improvisación, niños y adultos encuentran su sitio en esta particular academia donde reverbera la diversidad, que tiene un eco especial desde que se pusiese en marcha el programa DyD (Danza y Diversidad), la única compañía de danza formada por personas con discapacidad en Castilla y León.

 

La EDVA imparte formación para personas con discapacidad intelectual desde el año 2000 a fin de fomentar su derecho a disfrutar y ser protagonistas en la creación artística. Una labor que aborda las necesidades sociales de los alumnos a través del baile para enseñarles a ser resolutivos en su día a día.

 

"En definitiva, el objetivo es que todo el mundo baile", ha señalado, en una entrevista a Europa Press, la actual directora de la Compañía DyD, la profesora de baile Mar González, quien recogió hace dos años el testigo de la fundadora del programa, la coreógrafa María Tomillo.

 

De los cerca de 150 alumnos matriculados en la escuela, 26 forman parte del proyecto encabezado por González. Una comitiva tan heterogénea como los distintos tipos de danza, pues actualmente incluye bailarines desde los 6 hasta los 31 años, divididos en tres grupos según franjas de edad, sin hacer distinción según el grado de discapacidad. "Esto hace que se encuentren más cómodos en clase", afirma la directora, "porque, de lo contrario, su autoestima podría verse afectada al encontrarse aislados de los compañeros de su misma edad".

 

"En esta escuela no importa la condición porque, al final, todo el mundo tiene algún tipo de dificultad", reconoce González. En EDVA hay sitio para cualquier aptitud, pero la mayoría de bailarines que conforma DyD cuenta con una condición que resulta "favorable" a la hora de bailar. Se trata de aquellos que padecen síndrome de Down, trastorno genético que suele ir acompañado de hiperlaxitud, un aumento exagerado de la movilidad en las articulaciones que "deriva en una mayor flexibilidad", ha explicado la profesora.

 

La Compañía DyD trabaja el conocimiento del cuerpo, de la persona, de las emociones, la expresión a través del movimiento, la canalización de la creatividad o el uso adecuado del espacio. Además, la parte más social del proyecto trata de educar en el compromiso, la disciplina o el trabajo en equipo.

 

PROYECTO DE INCLUSIÓN

 

Esta última es una de las principales bazas, no solo del programa Danza y Diversidad, sino de toda la EDVA, pues el proyecto es pionero en Castilla y León en su apuesta por la inclusión.

 

El espacio no solo conjuga diferentes estilos de danza, sino también distintas capacidades a través de actividades en la que los alumnos pueden participar de forma voluntaria y cuya meta es "crear vínculos" entre ellos, además de ayudarlos a combatir el "miedo a lo desconocido para que se perciban unos a otros como iguales", detalla González.

 

"Luchar por la inclusión requiere un esfuerzo constante", pero la experiencia de este tipo de iniciativas resulta "satisfactoria y gratificante tanto para pupilos, como para padres e instructores", admite la directora de DyD.

 

LA ESCUELA DE DANZA DE VALLADOLID

 

La Escuela de Danza de Valladolid, guarda, al igual que la provincia, un vínculo indisoluble con la prestigiosa bailarina iscariense Mariemma, quién fundó la academia en 1974. De hecho, se la conoce popularmente como 'Escuela Mariemma'.

 

Los pasillos del edificio, plagados de retratos de la también coreógrafa, evitan que su rostro caiga en el olvido, al igual que la inscripción en la fachada del Teatro Calderón recuerda a los transeúntes una de sus más célebres frases: "La danza es para mí un deseo incontestable, un impulso irrefrenable de despegarme del suelo físico y espiritualmente".

 

Y es que Mariemma ya pregonaba que no hay espíritu diferente a otro que no se sienta volar gracias al baile, porque la danza no hace distinciones y carece de prejuicios.