La emocionada carta de Álex de la Iglesia a Terele Pávez: "Más grande que la vida, un coloso"

Álex de la Iglesia y Terele Pávez

El director bilbaíno Álex de la Iglesia, con quien trabajó Terele Pávez hasta en nueve ocasiones, dedica una carta a su memoria.

"Era un gigante, un coloso, y al mismo tiempo la más frágil de las mujeres". Así describe Alex de la Iglesia a Terele Pávez, la que fuera su musa indiscutible, en una carta abierta publicada en El País horas después de la muerte de la actriz, víctima de un derrame cerebral a los 78 años.

 

El cineasta narra en su misiva las últimas horas de la intérprete, con la que trabajó en nueve ocasiones (desde El día de la bestia hasta El Bar) y sus sensaciones: "Cuando llegué al hospital ya estaba en coma. Su hijo Carolo me recibió con un abrazo de esos que reconfortan y duelen, porque te estrujan el alma".

 

"Es difícil sobreponerse a la pena, pero es más fuerte el terror, el miedo que te invade al comprobar que es verdad, que esa persona que ha construido tu vida se está yendo para siempre", reconoce. "¿Qué podía decir para que volviera con nosotros? ¿Que me es imposible vivir sin ella? ¿Decirle todo lo que significaba para mí? No le hubiera gustado nada".

 

"Me es difícil diferenciar entre la vida y las películas, y más en un día como hoy. Sí tengo clara una cosa: Terele era más grande que la vida. La gente le quedaba pequeña".

 

"Su nivel de sensibilidad te anulaba, su miraba te taladraba. Te miraba por dentro, no sé si habéis notado esa sensación. No soportaba la pose, la mentira: la única manera de establecer contacto con ella era hablarle con el mismo nivel de verdad, y cuando se daba esa magia, era ella la que se postraba ante ti y te decía: te entrego mi corazón, haz con él lo que quieras".

 

"Terele era un prestidigitador sin trucos. Un mago que hace magia de verdad. Su expresión era el producto de su manera de entender la vida: sin concesiones. Accedía sin esfuerzo al más profundo de los sentimientos porque ella ya había estado allí anteriormente. Terele vivió más de mil vidas, todas de una intensidad inimaginable. Es normal que fuese la mejor actriz que he visto jamás. Nosotros no éramos más que muñecos en su presencia, tristes títeres manipulables. Terele es el espíritu de la grandeza, de la verdad, del temperamento. Es la fuerza, es la valentía de ser incorregible. Es la dulzura del que lo sabe todo y no pretende nada. Es la ternura del que siente lástima por los que sufren, porque nadie ha amado tanto como ella. Y digo que es porque no ha muerto, no puede morir, nadie puede con ella. Ni la misma muerte", finaliza. 

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