La desaparición de los rituales
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La desaparición de los rituales

Esta tarde, mañana y pasado el público que asista a las corridas de la Plaza de Toros de Valladolid recordará lo que ha dicho la brillante  directora teatral española Angélica Liddell. La Tauromaquia pertenece al mundo de la poesía. La sociedad está tan  infantilizada que no es capaz de enfrentarse a la belleza del ritual. Par mí, librar al toro de lidia de la muerte es como blasfemar, es una blasfemia contra la belleza y contra lo sagrado.

 

Hace mucho que la directora protesta - lo último ha sido hace poco en el Festival  Aviñón, uno de los escenarios más importantes del mundo  donde ha presentado su nuevo  espectáculo Liebestod-, contra el mundo artístico “obsesionado por el deber, por complacer a todos los grupos sociales”.

 

La sombra de Belmonte sobrevuela la última obra teatral de Angélica Liddell. Una obra complicada, compleja, que como ha escrito la crítica hace caso omiso de las reglas sociales e incluso se nutre del rechazo ajeno, con el antagonismo como lucha entre la estética y la moral.

 

Es famoso aquello que decía Belmonte que se torea como se es,   y Angélica Liddell añade que se torea como se ama. Nadie duda que está de moda estar en contra de lo que a uno no le gusta por eso presenciar una obra de teatro como Liebestod y una corrida de toros se ha convertido en “el último reducto de la transgresión”.

 

El paralelismo entre teatro y tauromaquia Angélica Liddell lo lleva a gala. Para ella salir al escenario y salir a la plaza es un ejercicio espiritual. Es cultura, entretenimiento, es una lección de valor, talento y entusiasmo. Pisar el Teatro Calderón e ir a la Plaza de Toros permite a la sociedad conocerse mejor y eso nos tiene que hacer más tolerantes abriendo un diálogo con el otro. Ya sé que esto suena bastante utópico pero por eso no voy a dejar de escribirlo.

 

En el libro de Byun-Chul Han La desaparición de los rituales que da título a estas líneas escribe que los rituales no definen un lugar añorado y que constituyen un fondo de contraste que servirá para trazar más nítidamente los contornos de nuestra sociedad. Y sobre todo servirán como reflexión para liberar a la sociedad de su narcisismo colectivo.

 

Esta tarde Jose Mari Manzanares tiene el valor como alimento. Su actitud es encomiable. Lidió la faena de muleta a su primero como si estuviera en el Festival de Aviñón, como Angélica Liddell estaba sometiendo al cuerpo a unas alteraciones físicas que llegaban al público porque lo dan todo.  Lo que tienen en definitiva es un talento que asusta.  

Comentarios

Tic Tac 10/09/2021 10:56 #1
El "sagrado" ritual de matar tiene los días contados. Al "poético" regodeo del baño de espadas y sangre, heredero ridículo de los arcaicos combates de gladiadores en los coliseos, le quedan dos telediarios. No va a hacer falta ni prohibición. Cada vez a menos gente le interesa ver morir a un animal y aplaudirlo. Primero faltará el público, después la vocación, y sólo quedará el silencio y anécdotas de otra época.

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