La Cofradía del Santo Entierro abre la Pasión de Valladolid con un Crucificado y el Yacente

Un desfile corto pero impresionante, el que protagoniza el titular de la Cofradía del Santo Entierro desde el convento de San Joaquín y Santa Ana hasta la iglesia de San Lorenzo.

Noche primaveral. Silencio. Expectación. Se inicia oficialmente la Semana Santa de Valladolid, al menos en lo que a desfiles penitenciales se refiere. La Cofradía del Santo Entierro inauguró las procesiones semanasanteras vallisoletanas con su Vía Crucis.

 

Las puertas de la iglesia de San Joaquín y Santa Ana se abrían y de las tinieblas de su interior emergía la talla de un Crucificado que se trasladaba hasta la iglesia vecina de San Lorenzo, donde se procedía al ejercicio del Vía Crucis. Tras la liturgia, regresaban a su punto de partida, esta vez sí con el imponente Cristo yacente que, tradicionalmente, siempre abría la procesión.

 

Sobre los hombros de varios cofrades un cuerpo que, aunque inerte, parece que puede cobrar vida en cualquier momento. Su perfecta anatomía salió hace cuatro siglos de la gubia del genial artista gallego que supo plasmar como nadie el patetismo de un cuerpo muerto.



Buen inicio de la Semana Santa de Valladolid que tuvo su continuación con el Vía Crucis de la Cofradía de la Exaltación de la Santa Cruz, que partió de la iglesia del Carmen, en las Delicias, procesionando a hombros el Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de los Dolores. El paso de Nuestra Señora de los Dolores ha estrenado este año nuevas andas, que han salido del taller del imaginero riosecano Ángel Martín.

 

Sin incidencias, buena temperatura y ausencia de lluvia: el mejor prólogo posible a la Pasión de Valladolid.