La ciberviolencia formará parte de la Violencia de Género gracias a un estudio de la Universidad Isabel I

Para los jóvenes algunas acciones violentas como los insultos o los empujones se minimizan, y tachan de bromas comportamientos que deberían erradicarse

La ciberviolencia se estudiará como un elemento más en la Violencia de Género entre adolescentes, gracias a un estudio elaborado por las investigadoras María Penado-Abilleira, Directora del grado en psicología de la Universidad Isabel I, y María Luisa Rodicio-García, de la Universidad de Vigo. El trabajo se centra en la investigación de una nueva herramienta que evalúe la escala de violencia de género entre los jóvenes, la Development and Validation o fan Adolescent Gener-Bassed Violence Scale (ESVIGA).

 

La muestra de referencia del estudio está compuesta por 701 estudiantes (323 niños, un 46.1% y 376 niñas, el 53.6%) de edades comprendidas entre los 13 y los 18 años en la provincia de Pontevedra. El 79.9% de los alumnos de las escuelas de educación secundaria en Pontevedra corresponde a escuelas públicas, un 7.1% a centros privados y el 13% restante a escuelas charter (o escuelas autónomas fuera del sistema). Casi un 30% de los alumnos estudiados tenía 13 años, y un 50% estaban en edades comprendidas entre los 15 y los 16 años.

 

Los resultados del estudio

Los resultados del estudio demuestran que esta nueva escala de medición no sólo es concisa y útil, sino que también se adapta a la realidad actual de los adolescentes. El estudio se estructura en cinco tipos diferentes de violencia: verbal, física, psicológica, sexual y el nuevo parámetro, ciberviolencia. El análisis se ha realizado especialmente estudiando el comportamiento en las relaciones de pareja adolescente. Hoy en día, hablar de ciberviolencia es fundamental porque gran parte de las relaciones entre los más jóvenes se fraguan a través de las redes sociales.

 

La idealización del amor romántico

La principal dificultad para estudiar este tipo de comportamiento entre los jóvenes se centra en la ausencia de una definición común del término “violencia de género”. A esto se suma la falta de escalas para recopilar y evaluar las especificaciones que tiene el noviazgo en esta etapa de la vida, donde no hay dependencia económica, convivencia familiar o hijos en común. La violencia suele permanecer oculta debido a la idealización de los comportamientos violentos por parte de los adolescentes y los jóvenes, basados en el “amor romántico”. En algunos casos, los adolescentes se confunden y justifican o aceptan comportamientos violentos como los celos o el control excesivo como parte de la relación.

 

La profesora de la Universidad Isabel I, Maria Penado, señala de este estudio que “uno de los principales problemas que hemos visto en la investigación es la minimización de la problemática de la violencia de género. Hay comportamientos como dar un empujón o insultar a su pareja a los que los adolescentes quitan importancia y justifican como si se tratara de una broma”.  Penado ha destacado también que existe una gran incidencia en estos comportamientos que los alumnos no consideran como violencia de género: “comprobar el móvil, un empujón, un insulto, censurar la ropa que te pones… son comportamientos que resultan violentos ante los que hay que intervenir”, ha explicado la responsable del Grado de Psicología de la Universidad Isabel I.

 

Las chicas también son violentas

Otra de las conclusiones más llamativas de este estudio es que han comprobado que ya no existe un patrón unidireccional de violencia de género. “Hay determinadas formas de violencia que son, incluso, más frecuentes entre las chicas y son ellas quienes ejercen esta actitud violenta con ellos”, matizó la profesora universitaria.

 

A su juicio, es prioritario que las autoridades tomen cartas en el asunto y comiencen a realizar programas de concienciación y educación en las aulas con el fin de evitar que el uso de la violencia se normalice en las relaciones. “Los chavales hoy en día quedan para pegarse en el recreo; usan la violencia como algo normalizado. Hay que ponerle freno a este tipo de comportamientos”, concluye Penado.