La capitalidad, un debate interesado que no importa a nadie

El enredo de la capitalidad de Castilla y León ejemplifica por qué la falta de conexión con la realidad de los políticos es y va a seguir siendo una de las grandes preocupaciones de los ciudadanos.

El bloqueo institucional y el peligroso, caro y lamentable regreso a las urnas han retratado a los principales actores políticos. En su punto más bajo de credibilidad, la clase política y su dudosa capacidad aparecen desde hace unas semanas como una de las principales preocupaciones de los españoles, solo superados por el desempleo, y dejando atrás incluso la corrupción. La repetición electoral ha puesto en evidencia la falta de conexión con la realidad de muchos de los representantes de las fuerzas políticas, enredados es 'hacerse la Pascua' y 'ciegos' ante lo que todo el mundo, menos ellos, ve con claridad: que después de cuatro años de inestabilidad solo valía un gran pacto.

 

 

La situación poco o nada ayuda a la hora de hacer las reformas, las políticas y los ajustes que necesita España. Pero ni por esas algunos deciden tomar tierra y dejar de flotar en los mundos irreales de la política. Y un ejemplo claro es el debate de la capitalidad de Castilla y León. Con los españoles llamados de nuevo a las urnas, presos de una espiral interminable de precampañas y campañas que contamina las políticas locales, autonómicas y nacionales, sorprende la refriega en torno a esta cuestión.

 

Un político veterano como José Antonio de Santiago-Juárez lleva semanas empeñado en perder el tiempo en un tema, el de la capitalidad de la Comunidad, que no importa a nadie. Así de claro. Lo peor es que el asunto ha servido para enredar la actividad política de todo un Ayuntamiento de Valladolid. Y ha tenido una respuesta a la contra desde el consistorio de León. Que dos de los municipios más poblados y potentes de nuestra comunidad se dediquen a este menester solo puede calificarse como delirante.

 

Designar oficialmente una capital no va a frenar la despoblación, ni va a generar empleo ni atrae empresas, tampoco mejora la situación de la comunidad... No sirve absolutamente para nada

Lo que más hay que lamentar es que se trata de un debate falso e interesado. Castilla y León no necesita una capital oficial o administrativa. Designar oficialmente una capital no va a frenar la despoblación, ni va a generar empleo ni atrae empresas, tampoco mejora la situación de la comunidad... No sirve absolutamente para nada. Plantearse cambiar el estatuto para esto es una pérdida de tiempo muy grave y todo un exvicepresidente de la Junta debería saberlo, salvo que los años de ejercicio le hayan hecho perder por completo todo contacto con la realidad. Y casi peor es lo del PSOE vallisoletano, que le ha seguido el juego aprobando un texto enmendado en el que se reclama a la Junta que atienda las "necesidades y demandas" de Valladolid "como capital de Castilla y León". Muchas mociones de ayuntamientos van directas al limbo de lo irreal, pero esta se lleva la palma.

 

Lo peor es el trasfondo que se adivina, el de un debate interesado. Por delante se discuten nimiedades como la de la capitalidad, debatidas con un semblante grave, severo, de cuestión importante, una auténtica cortina de humo para sacar de foco el acuerdo casi unánime para aumentar el gasto necesario para volver a los sueldos municipales de hace cuatro años, que con tanto empeño por parte de la oposición del PP se rebajaron. Y para incrementar la partida de la que se pagan asesores, liberaciones y gastos en personal político. Algo que sí preocupa a los ciudadanos y que sí les afecta (porque sale de su bolsillo): quizás por cosas como esta la falta de altura de nuestros políticos debe seguir preocupándonos, y mucho.