La afinadora de silencios

De Beethoven a su “amante inmortal”. ¡Mi ángel, mi todo, mi yo! Hoy solo unas pocas palabras y con lápiz (el tuyo). Hasta mañana no sabré con certeza mi domicilio: ¡qué desperdicio de tiempo en asuntos tan insignificantes! ¿Por qué esta profunda pesadumbre cuando es la necesidad la que habla? ¿Acaso el amor puede consistir en otra cosa más que sacrificios, exigencia de todo o nada?

Ficha Técnica. Valladolid. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica. 6 Abono de temporada. Director: Lionel Bringuier. Piano: Maria Joao Pires. Programa: Ludwig Van Beethoven (1770-1827) Concierto para piano nº 3. Richard Strauss (1864-1949) Así habló Zaratustra, op.30.

 

¿Acaso puedes cambiar el hecho de que tú no seas enteramente mía, ni yo enteramente tuyo? El amor lo exige todo y con pleno derecho: a mí para contigo y a ti para conmigo. Extracto de Cartas de amor de músicos (Turner), antología de la correspondencia de los mejores compositores de todos los tiempos, entre ellos, ¡como, no! Beethoven.

 

Para Maria Joao Pires (1944), pianista, no hay nada imposible. A la pianista le rinden pleitesía la flor y nata del piano. Y por supuesto, el público. Lleva llenando auditorios y arrancando fervorosos aplausos más de medio siglo. Poseedora de un talento extraordinario nos ofreció un concierto de Beethoven hondo, emocionante y complejo a la vez.

 

Dulce, menuda, firme y pletórica supo transmitir la emoción, el malestar; ese sentimiento de soledad que de una forma u otra está presente en algún periodo de nuestras vidas. El corazón del oyente fluía a su libre albedrío convertido en melodía que repara almas y permite que uno cierre los ojos, se sienta cómodo y bien acogido por esta Sala Sinfónica que esta tarde sí que hace honor a su nombre y repara otras tardes que son mejor olvidar. Las manos de pelotari de Pires están preñadas de músicas antiguas. Toda la música que sale de sus manos desprende el aroma de la hospitalidad.

 

El silencio aquí es una casa cómoda. Nadie tiene que pronunciar una sola palabra. Silencio y música tienen el mismo peso. El concierto de Beethoven hizo volar al público y pudo olvidar su condición de mortal, (quia pulvis es et in pulverem reverteris) y abandonar ese tiempo miope que es el presente.

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