Cyl dots mini

Juan Navarro Baldeweg

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

¿Los ojos son el espejo del alma? Los griegos decían que desvelar era encontrar la verdad. Mirando la exposición de Juan Navarro Baldeweg en el Patio Herreriano (Sala 6) descubres el humor, las emociones, la perspicacia, la mentira, el arte y la verdad. Ya sabemos que el arte es una verdad subjetiva para el que mira, es inevitable.

 

Nada más de pisar la Sala 6, la belleza se instala en el cerebro y campa a sus anchas. Porque la pintura de JNB exige una tarea de desvelamiento por parte del visitante. Entrar en la Sala y dejarse llevar por el impulso para que se vaya revelando el color, la imagen y el motivo que esta propone.

 

Todo este proceso requiere tiempo. Tiempo para descubrir, también en la Capilla del Museo dos esculturas: El aro dorado y La ventana. Hacer esculturas consiste fundamentalmente en dotar de forma a la materia, sin que haga ninguna falta que sea funcional. Algo que cuando entras en la Capilla te das cuenta inmediatamente.

 

JNB huye de la retórica para envolverse en la ironía. Una ironía influida por Duchamp basada en el influjo de la autosuficiencia y la duda que pasan a formar parte de su territorio. Es fácil estar de acuerdo con Leonardo da Vinci cuando decía que el arte era mental (la cosa mentale).

 

Los cuadros de esta luminosa exposición hablan de lo oscuro. Tiene esa belleza que solo otorga el tiempo. Pasa, -cuando llevas un rato en la sala, un rato largo, no vale con llegar, echar un vistazo y largarte- , a formar parte de esa ilusión que te deja perplejo y que milagrosamente convivirá contigo una temporada.

 

En esta exposición están todos los colores y sombras y luces de emociones inesperadas que brotan de los pinceles, de la pasión y del instinto de JNB. El espectador reconoce en los trazos de colores una realidad caleidoscópica que determinan determinados patrones y subrayan su estilo. Todo depende del estado de ánimo. Es este estado de ánimo el que propicia el trazo, el color, el espacio y el brochazo que permite al espectador fijar la atención en los cuadros y disfrutarlos abiertamente, sin cortapisas. Son un código abierto.

 

En el placer de mirar los cuadros de JNB se encuentra la sorpresa de ver. A veces lo irreal es lo más certero y esta exposición es una muestra de ello. Cuanto más irreal es una exposición más libre te sientes al mirarla.