Jinetes en la tormenta

RAFA CRESPO

Llegó la OSCyL a la Plaza Mayor de Valladolid y puso las cosas en su sitio. Reconcilió al público con el paisaje visual y con el oído. Y con el bienestar. Esta noche no privaba la economía del pelotazo del pádel. La Plaza Mayor había vuelto a su ser un lugar sociable, público y acogedor. Nadie se sintió excluido, todos éramos bienvenidos.

En su reciente visita a España, Ethan Kent, vicepresidente de la ONG Project for Public Spaces (PPS) ha dicho que la vida social es lo que ha hecho que las ciudades funcionaran. En el futuro, las ciudades que tendrán éxito serán aquellas que permitan a las personas formar parte de ellas, lugares donde los ciudadanos sientan que participan en algo, no solo que consumen.

 

Esta noche la música que suena se fusiona con el paisaje y Valladolid se convirtió en una ciudad optimista. Se estaba a gusto. Y eso que la noche pronosticaba vientos oscuros y secretos que amenazaban el concierto y el bienestar de los allí presentes.

 

El Director esta noche de la OSCyL, Andrés Salado, puso todo de sí mismo, mucha pasión, energía y todas las habilidades aprendidas para que resultara un buen concierto. Tiene Salado ese aire de un hombre que nunca se ha rebajado, que jamás ha tenido un acreedor. Era consciente de que para alguno de los allí presentes, el concierto de esta noche resultaría una experiencia inolvidable que pasaría a formar parte de su historia.

 

Pero la tormenta se acercaba a la Plaza Mayor como un caballo desbocado. Justo cuando creíamos acariciar el sonido que da sentido a los que se escucha y el público apreciaba esos momentos en todo su valor y empezaba a empatizar con los intérpretes llegó el sobresalto.

 

Se pasó de compartir la música a compartir, en esos momentos, el lugar más bello de Valladolid, los soportales de la Plaza Mayor. La palabra que más se escuchaba a esa hora era “cambio climático”. Hay auténticos sabios en esta materia. La persona que estaba a mi lado daba cifras y todo. Decía que la ONU considera que el cambio climático es la primera causa de emigración en el mundo y que en la actualidad hay 25 millones de personas desubicadas por cuestiones medioambientales. En el 2050, decía, habrá más de 200 millones de desplazados. Y de repente, sin saber cómo, se fue la tormenta. Pero ya cada mochuelo estaba en su olivo.

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