Jeribáñez, el agua de la salud de Tordesillas
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Jeribáñez, el agua de la salud de Tordesillas

Llegó a comercializarse en Madrid con la propaganda de “El agua de mesa que regula el intestino”.

Ha llegado a mis manos una vasija de cristal donde se envasaba el agua de Tordesillas, llamada de Jeribáñez, de excelentes propiedades minerales, cuyo pozo aún existe, aunque cerrado, y que llegó a comercializarse en Madrid con la propaganda de “El agua de mesa que regula el intestino”.

 

Jeribáñez es un pago de nuestra Villa situado muy cerca del Molinillo y allí existía un manantial cuyas aguas tenían propiedades casi mágicas, de curación, para las dolencias de las barrigas, cagaleras más o menos abundantes, disenterías y “errores no forzados” por gastroenteritis que abrían el esfínter, produciendo en ocasiones un más que espectacular desarreglo en los cuerpos serranos de nuestros antepasados.

 

El agua de mesa de Jeribáñez llegó a producir sus litros de agua potable mineralizada desde un pozo artesiano de manado abundante y generoso, apreciada en todas las casas de Tordesillas, pues rara es la persona de más de 70 años que no haya bebido o probado la misma.

 

Los tiempos modernos y las demandas de masificación acabaron con su hermosa y salutífera propiedad y el pozo manantial controlado por Mariano Mayordomo “cosicas” acabó como tantas cosas bonitas, genuinas de nuestro pueblo, llevado por el pozo airón del tiempo. Pero su existencia hay que conocerla.

 

Hasta una etiqueta para controlar el peso de la persona como la que acompaño de un día de la peña de 1953. Su anuncio en los programas de las fiestas era habitual durante su existencia y la fama del agua se extendió por Madrid, lugar que era el sitio en donde se comercializaba.

 

El manantial de Tordesillas de donde salía este agua estaba en el Molinillo. Y la botella en envase de cristal tuvo grabado su nombre.

 

Este mismo verano hemos realizado una visita al lugar que, amablemente, me ha enseñado el actual propietario del sitio, Moisés Merillas. Entrando en el recinto se ve el cerco del pozo ya cegado y a su lado los azulejos que nimbaban el brocal. Los pilones del agua en donde vertían los caños del artesiano ya han desparecido, pero en una pared lateral de la nave hay acumuladas cientos de botellas de cristal como las que hemos fotografiado. Un cristal duro y fuerte, grabado el nombre y en la base de la misma la expresión “Manantial de Tordesillas (Valladolid)”.

 

En fin. El tiempo hizo que donde llegaron a trabajar varias personas llenando las botellas de medio y un litro de capacidad y colocándolas en sus recipientes para la distribución en los restaurantes y boticas de la época por Madrid pues fue allí, en la capital de España en donde estuvo el depósito de los recipientes.

 

El agua de Jeribáñez sirvió mucho y bien para paliar los efectos de las descomposiciones y diarreas de niños y mayores como consecuencia de la ingesta de alimentos dañinos o de poca precaución sanitaria. Conseguido el prospecto también de la misma, su lectura alegra por un momento y distrae al curioso lector.

 

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