Imponen penas que suman 7 años y medio de cárcel a los cuatro acusados de traficar en un club de Peñafiel

El club 'El Castillo' de Peñafiel

El Ministerio Fiscal pedía casi 20 en su informe definitivo por los hechos ocurridos en la localidad vallisoletana.

La Audiencia de Valladolid ha impuesto a los cuatro acusados de traficar con droga a partir del club de alterne 'El Castillo' de Peñafiel un conjunto de penas que ha quedado reducido a siete años y medio de cárcel, frente a los casi veinte pedidos por el fiscal en su informe definitivo.

 

En su sentencia, a la que tuvo acceso Europa Press en fuentes jurídicas, el tribunal impone cuatro años de cárcel y multa de 30.000 euros a Sergio S.G, vecino de Cigales, autor confeso de un delito de tráfico de drogas de las que causan grave daño a la salud (cocaína y anfetaminas), con la circunstancia atenuante de drogadicción, mientras que en el caso de Enrique G.J, Flor María V.T. y Noé B.J. el tribunal tipifica los hechos como tráfico de sustancias que no causan grave daño a la salud (marihuana) y aplica también a los dos primeros la misma atenuante.

 

Así, Enrique, al que se aplica asimismo la agravante de reincidencia en el delito de tráfico, y Flor María son condenados en calidad de autores y Noé como cómplice, con imposición al primero de una pena de dos años de prisión y multa de 9.100 euros, un año e idéntica multa para la segunda y seis meses de cárcel y multa de 4.550 euros para el tercero.

 

La condenas, al margen de la que había sido pactada ya con anterioridad por Sergio S.G, son notablemente inferiores a las que finalmente solicitó el fiscal, ya que Enrique se exponían a una condena de seis años y nueve meses y los otros dos a cuatro años y tres meses de privación de libertad, rebaja a la que ha contribuido también el hecho de que hayan quedado absueltos del delito de pertenencia a grupo criminal.

 

Pero lo más llamativo del caso es que de este último delito ha sido absuelto incluso Sergio S.G, el encausado que había llegado a un acuerdo con el fiscal para que los ocho años y nueve meses quedaran reducidos a cuatro y medio, pacto que incluía reconocerse autor de un delito de tráfico de drogas y de otro de banda organizada. Al quedar también exonerado de dicho delito, su condena final queda en cuatro años de privación de libertad, sorprendentemente medio año por debajo de la que había firmado con la acusación pública.

 

VINCULACIÓN NO PROBADA ENTRE SERGIO Y EL RESTO

 

Aunque el fiscal situaba a Sergio S.G, vecino de Cigales, como proveedor de cocaína y 'anfetas' de Enrique, quien, según sostenía el fiscal, vendía a posteriori tal mercancía en el club 'El Castillo' de Peñafiel con la colaboración de Flor María, trabajadora del mismo, y el apoyo, en labores de contravigilancia, de Noé, el tribunal no considera probada tal vinculación entre el primero y los otros tres acusados.

 

"No existe prueba objetiva, con entrada en el juicio, que nos lleve a la convicción, sin temor a la duda que Enrique y Flor se dedicasen al tráfico de cocaína y anfetaminas. Estas sustancias se ocupan en el registro del domicilio de Sergio, más no hay prueba que vincule a aquellos con el tráfico de cocaína y anfetaminas que desarrollaba Sergio", especifica el tribunal.

 

Las defensas, además de solicitar la absolución de sus clientes alegando que se trata únicamente de consumidores de droga -Noel es el único que ha dicho que no consumía-, habían apelado, sin éxito, a la nulidad tanto de las escuchas telefónicas realizadas por la Guardia Civil como de los registros practicados en sus domicilios y el club, ya que tales investigaciones parten de unas pesquisas anteriores que nada tienen que ver con estos hechos y que se centraban en el homicidio de un octogenario de la localidad que apareció maniatado en su domicilio tras un intento de robo.

 

La geolocalización de los teléfonos que estuvieron operativos el día del crimen en la zona y en la franja horaria en la que se cometió el mismo condujo al móvil de Enrique G.J, y a partir de ahí el 'pinchazo' del mismo por los agentes permitió la escucha de una serie de conversaciones entre él y la empleada del club que indujeron a los investigadores a pensar que el trasfondo no era otro que el tráfico de drogas.