Ideas, hilos, mimbres… pero sin acierto (2-0)

El Betis celebra uno de sus goles ante el Pucela.

El Real Valladolid encajó dos goles de Fekir y Carvalho antes del minuto 20 y, si bien demostró que supo reponerse, no tuvo acierto para asustar al Betis

El Real Valladolid ha hincado la rodilla este domingo ante el Betis por 2-0 en el Benito Villamarín, merced de dos goles apenas trascurridos veinte minutos de partido, en un choque en el que quedó claro que los de Sergio González tienen mucho trabajo por hacer. En un partido intenso y entretenido, los blanquivioletas se encontraron con los dos goles en contra demasiado pronto y no supieron reaccionar con acierto.

 

Y es que el comienzo no pudo ser peor. Estaban todavía tanteándose ambos equipos sobre el césped cuando un fallo infantil en defensa de Óscar Plano, especialista en meter la pata en cuanto a penaltis en área propia se refiere, metió la mano donde no debía para que Pérez Latre, tras consultar el VAR, señalara el punto de penalti. Fekir para adentro y 1-0. Apenas llevaban disputados diez minutos y el choque ya estaba cuesta arriba.

 

Pero era solo el principio. A partir del tanto el Betis supo hacerse con la manija del partido al mismo ritmo que el centro del campo blanquivioleta se deshacía como un azucarillo. Faltaba el segundo mazazo, que no tardaría en llegar. En otra jugada en la que un rebote de Joaquín en la defensa con el balón caído del cielo, Carvalho remató con un acierto espectacular para un Roberto que no pudo hacer otra cosa que tirarse para la foto. Sí, sí, léanlo. 2-0 en 18 minutos.

 

Se encontró el Valladolid es un escenario que en absoluto esperaba. Ni siquiera había tenido posibilidad de plantarle cara al Betis y el marcador ya dejaba una losa muy pesada lejos de Zorrilla. Poco a poco los de Sergio consiguieron sacudirse la empanada inicial para incluso contar con alguna ocasión clara, pero la empresa no era fácil después de un comienzo desolador.

 

El problema era que el orden táctico de Pellegrini impedía que el Pucela acumulara jugadores arriba y conservaba el balón de manera continua. Es sencillo. Si no tienes el balón es más difícil que consigas marcar. Y eso el chileno lo sabe bien. Así se llegó al descanso, con la sensación de que el resultado parecía demasiado abultado y que, quizá, el conjunto de Sergio se había llevado castigo demasiado rápido. Incluso Joaquín -el blanquivioleta, que terminaría lesionado- a punto estuvo de clavar un cabezazo sobre la bocina que finalmente terminó en fuera de juego.

 

La segunda mitad fue otra historia. Al menos el Valladolid fue capaz de leer el partido más correctamente, con más criterio. Y Sergio decidió revolucionar el once dando entrada a Weissman, Hervías y Kike Pérez por Waldo, Míchel y Óscar Plano. Poco tardó en dejar claras sus intenciones el equipo visitante, con el israelí impactando el balón contra el fondo de la rede en el primer minuto en una falta colgada con claro fuera de juego.

 

Fue ahí cuando se tocó a rebato. El Pucela estiró las líneas ante un Betis permisivo, más centrado en atacar que en defender por medio de Joaquín y Canales, pero la suerte decía que no. Orellana se encontró en un remate exquisito con las manos de Claudio Bravo y, para más inri, Joaquín se lesionó dejando sin cambios a media hora del final. Había ideas, hilos, pero no acierto.

 

Se convirtió entonces el partido en un correcalles de ida y vuelta con la demostración clara de que el Valladolid no tenía su día, con Weissman mostrando detalles pero poco más. Simplemente, hay veces que el fútbol decide que no vas a marcar y no lo haces. Pellegrini terminó de adormilar el partido con los cambios y todo terminó casi como empezó, o al menos como estaba al cuarto de partido. Mucho camino tiene por delante este Real Valladolid.