Iborra, la tradición vallisoletana de helados consolidada con el paso de cuatro generaciones
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Iborra, la tradición vallisoletana de helados consolidada con el paso de cuatro generaciones

El mostrador de la heladería Iborra, en la calle Lencería junto a la Plaza Mayor.

Los helados y turrones de Iborra se consolidan como un referente emblemático de la ciudad castellano-leonesa.

La Navidad no se entiende sin su mítico turrón de Jijona en las cenas familiares, tampoco sin sus mazapanes y almendras rellenas, pero menos aún se explica el verano en Valladolid sin observar los envoltorios de sus helados por las calles. Sin duda hablamos de la mítica heladería Iborra, en la calle Lencería, pegada a la Plaza Mayor.

 

Este histórico establecimiento nace cuando Manuel Iborra partió desde Alicante hacia tierras castellano-leonesas poco después de casarse. Por aquel entonces, el joven alicantino tomaba un largo tren desde su ciudad natal con el único propósito de presentar sus dulces artesanos a los vallisoletanos."Él vendía en Valladolid y después se iba al pueblo" - así lo explica su nieto Antonio.

 

Lo que comenzó como un trayecto constante, pronto hizo que Manuel se ganará un nombre en Valladolid. Es entonces, cuando en 1957 que Iborra decide instalar su primer local destinado a la venta de turrones. Los ciudadanos ya podían degustar la calidad de su exquisitos turrones, pero la oferta no se quedó allí. El helado llegó un año despues: "Como ya tenía una clientela con el turrón, la gente estaba encantada. Al conocer el producto, vinieron a comprar".

 

A día de hoy, los helados Iborra han pasado a ser una de las insignias de la ciudad. Su calidad ha cautivado a los vallisoletanos que circulan por el centro de la ciudad y se paran ante la puerta del local en una tarde a pleno sol. El nieto de Iborra no es consciente de ese emblema, comprende el reconocimiento de la marca pero concibe su trabajo más allá de eso. Sus padres le educaron para sacar un trabajo de calidad con el único pretexto de que el cliente quede satisfecho, esa es la filosofía que ha caracterizado la marca desde tiempos inmemorables.

 

Para Iborra, la jornada de trabajo comienza en torno a las 07:00-07:30 de la mañana. Los productos pasan por un proceso de fabricación para después ser transportados a la tienda en la calle Lencería. En el comercio, se llevan a cabo los últimos preparativos y da comienzo a una nueva jornada de trabajo con un condicionante: el tiempo. La clientela se mueve por este parámetro, un hecho que compensa con su sabor y no la priva de ventas incluso en los días fríos.

 

Para Antonio, los sabores clásicos suelen ser los que tienen más tirón. En el caso del turrón, el mítico turrón de Jijona de Alicante sumado a los favoritos chocolate con almendras y yema tostada. El helado bebe de la misma tendencia, los más vendidos son los de chocolate, leche merengada o el de turrón. No obstante, los más osados pasan a probar las combinaciones más novedosas como el de galleta Oreo y queso azul. 

 

Iborra es historia en Valladolid, es escenario de infinidad de anécdotas que han presenciado sus paredes y premio para cientos de niños vallisoletanos. La identidad de la marca es parte de la vida de generaciones que han pasado por su local y sobre las que Iborra ha dejado una huella. 

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