Historia de 'El Gordo' en Valladolid: 34 años después de aquel 1984

El número 50.076, premiado en el año 1984. David Lozano

El mayor premio del Sorteo de Navidad solo ha agraciado a los vallisoletanos en dos ocasiones. La primera, hace casi 200 años. La última, en 1984. Esta es la historia de un premio que se resiste en volver a aparecer.

Todas las historias tienen un principio, y la de ‘El Gordo’ en la ciudad y la provincia se cuenta tan solo en dos ocasiones. Para la primera lluvia de millones tendríamos que remontarnos a la Valladolid de 1821, cuando el número ’08.364’ agració a una ciudad y una sociedad que nada tenía que ver con la actual, casi 200 años después. Y ya ha llovido, esta vez literalmente. Por entonces, España se desprendía de Florida y la cedía a Estados Unidos, en un país todavía con territorios alrededor del mundo que irían buscando la independencia y con un trienio liberal que gobernaría el país por dos efímeros años más.

 

Ni el Sorteo de Navidad se llamaba así, ni se celebraba en Madrid. Ni siquiera los niños de San Ildefonso cantaban los premios, ni éstos eran en pesetas, ni mucho menos en euros. El ‘`Prósperos de Navidad’ estaba instaurado en Cádiz, como la Constitución, y no era más que un pequeño sorteo al alcance de unos cuantos privilegiados que obtuvieron por primera vez en Valladolid el primer premio, que se pagaba en una moneda de plata denominada ‘pesos fuertes’.

 

163 años habían pasado hasta que el año 1984 rompió la maldición y trajo la suerte del mayor premio navideño de la lotería nacional otra vez a la ciudad. Por Valladolid habían pasado varias monarquías absolutas, una República, un régimen de Primo de Rivera, una II República y una posterior Guerra Civil. A Valladolid le había erosionado la dictadura de Franco y comenzaba a respirar los aires democráticos con el recientemente fallecido Bolaños y la feroz expansión de la ciudad en vistas al futuro: en 1984 se aprobó el Plan General de Urbanismo de expansión radio-concéntrica y cuya idea de ciudad todavía sigue vigente en la actualidad. Aquel año además Valladolid disfrutaba del desfile de las Fuerzas Armadas en un 27 de mayo que desplegó a 6.000 soldados, 400 vehículos y casi 100 aviones.

 

 

En 1984 Jorge Guillén fallecía en Sevilla y era enterrado con honores en Valladolid, el último gran poeta de una ciudad que le vio nacer y le despedía en el Ayuntamiento de forma abrumadora, como no volvería a pasar hasta la muerte de otro literato, Miguel Delibes, que ese mismo año lanzaba ‘Los Santos Inocentes’ sin saber que se convertiría en uno de sus mayores clásicos.

 

El Real Valladolid soñaba mucho más que ahora en aquel momento. Además de disputar la UEFA, ganó el día 30 de junio su único título hasta la fecha: la Copa de la Liga en un Estadio José Zorrilla sin las tribunas del fondo norte y con los ecos de un Mundial que todavía resonaban entre los muros y el césped, que por entonces pisaban hombres que se convertirían con el paso del tiempo en leyendas: Moré, Eusebio o Minguela.

 

Un año que comenzó con un avistamiento OVNI en Villanubla, que se tiñó de negro con un accidente de autocar en el que murieron 10 personas y 31 resultaron heridas y que coqueteó con el terrorismo tras el atentado a un concesionario de Renault en la capital.

 

Un 1984 que supuso la vuelta a la grandeza de la Semana Internacional de Cine, que otorgaba la ‘espiga de oro’ a dos producciones: la estadounidense ‘Adiós a la inocencia’ y la australiana ‘Man of flowers’. Y, por último y como colofón, un 21 de diciembre que acabaría con una sequía de 163 años.

 

Aquella jornada, a las 11:45 de la mañana, la administración número 22 de una calle Santiago por la que todavía pasaban coches, repartía ‘El Gordo’ al número '50.076' en un sorteo que se adelantó un día. El primer gran premio en una ciudad de tradición millonaria en las quinielas, pero donde la lotería de Navidad había pasado de largo.

 

Y es que aquel 1984 fue la primera vez para tantas otras personas: Beatriz Álvarez, la lotera más joven de España, rompía con la maldición en su primer año en la administración. La Caja Rural de Valladolid celebraba la felicidad en participaciones de 200 pesetas junto con tantos campesinos de la provincia que comenzaban en ese momento una nueva vida. Y las niñas de San Ildefonso tomaban protagonismo por primera vez y cantaban la suerte mirando a Valladolid. Así hasta 12.500 millones que se repartían por la ciudad y los pueblos de Tordesillas, Íscar o Campaspero.

 

En 1984 los españoles no sentían que las fechas navideñas estaban a punto de comenzar con el tradicional anuncio de la lotería, por aquel entonces no existía la publicidad televisiva del evento ni más de dos cadenas. Pero en Valladolid el sorteo se celebró, por fin, por todo lo alto.

 

Beatriz recordaba en una entrevista para ‘El Norte de Castilla’ lo que vivió en aquella mañana. Estaba escuchando la radio en la administración cuando salió el número y poco después algunos vallisoletanos ya corrían hacia la calle Santiago gritando de alegría. También recuerda los avances de la tecnología. Por aquel entonces se firmaba todo a mano y había que pedir una autorización de pago al Estado. Tras ello, horas y horas de sellar los décimos premiados. A ella no le tocó “ni una peseta”, ni a su padre, pero la ilusión de aquel día todavía permanece en la cabeza.

 

Hoy la administración estrena nuevo dueño, Beatriz ha dado paso a Alfonso Cermeño, que sueña con volver a dar el Gordo en una nueva primera vez. Nos cuenta que los números que más busca la gente son el 7, el 5 y después el 3. “El 0 no lo quiere nadie, la gente intenta rehuir de este número”, aunque el último gran premio en la ciudad contuviera dos. La número 22 de la calle Santiago no solo ha vendido aquel con el que sueñan todos los vallisoletanos, también ha repartido suerte con el Niño y con varios segundos y terceros premios.

 

 

Este año, admite, la fiebre por la lotería es mayor que en pasadas fechas. “Estamos vendiendo en este local un 22 por ciento más que lo que se vendía el año pasado”, comenta. Lo achaca al nuevo modelo de negocio que está instaurando: “Amplié el horario, estoy todo el día abierto”, además que cuenta que está realizando mayor labor comercial: “He mantenido las relaciones con muchas empresas, he comenzado a vender bares, y muchas horas extra”.

 

No sale de su sorpresa con la gran tradición de Navidad que hay en la ciudad a pesar de los antecedentes de premios, nos comenta en una administración que mantiene a una de las empleadas desde la apertura en aquel 1984 y que hoy en día completan la plantilla él y su pareja. “El secreto para dar el Gordo o premios es vender muchos números, además de la suerte”.

 

Y lo está haciendo. Además, en todos los puntos de España. “Esta administración ha dado el salto a la red y ahora también los clientes tienen la posibilidad de comprar lotería y otros sorteos a través de la página web”. Nos comenta que de forma ‘online’ la gente juega mucho, pero la mayor parte de la lotería de Navidad la gente lo quiere en formato físico. “De cada ciudad siempre hay una administración que es la más mítica y al final tengo muchas llamadas de todas partes del país”, además de que lo achaca a “la situación del local y a los premios que han dado”.

 

Si toca el Gordo, ya tiene pensado lo que va a hacer. “La vamos a liar muy gorda aquí. En el Gordo no voy a ganar nada, pero sí que voy a tener muchísimas colas”, además concluye que la comida ya la tiene reservada para aquel día “toque o no toque”. “Las supersticiones las tenemos todos, Beatriz en su primer año aquí la mangó y este año tengo que mangarla como que me llamo Alfonso”.

 

Las coincidencias son varias y persiguen a una misma cifra: el sorteo se realizará en el sábado 22, aquel día de 1984 también era sábado. La administración además lleva los mismos dos números y Beatriz tenía 22 por entonces. El 50076 ya no lo venden. La suerte, en cambio, tal vez vuelva a aparecer por Valladolid 34 años después.