“Hemos notado respeto, la gente nos pide que nos cuidemos porque tenemos mucha exposición”

Beatriz Romo, una de las responsables y dependienta de la panadería Tierra de Pinares, que tiene locales en Pedrajas, Íscar y Olmedo, relata cómo se ha adaptado su negocio ante la irrupción de la COVID-19

Beatriz Romo en la panadería de Tierra de Pinares en Pedrajas de San Esteban (Valladolid). M. ORTEGA


Entre estanterías llenas de pan, magdalenas, rosquillas o el tradicional empiñonado, Beatriz Romo Rodríguez desinfecta el mostrador de la panadería familiar Tierra de Pinares, en Pedrajas de San Esteban (Valladolid), en el que se puede ver una bandeja que pone ‘depositar dinero aquí’.  El negocio del que es una de las responsables ha tenido que tomar meticulosas medidas para garantizar la seguridad adecuada para un lugar que ofrece este alimento tan esencial, un proceso que resulta difícil, pero que se hace más fácil gracias a sus clientes: “Hemos notado respeto, la gente nos pide que nos cuidemos porque tenemos mucha exposición”.

 

Estas recomendaciones no se deben solo al “miedo” de la gente a exponerse a un posible contagio al ir a comprar el pan, sino más a la “preocupación” de que los trabajadores de su panadería diaria se vean afectados por el virus. Incluso, les han regalado mascarillas o pantallas protectoras, como cuenta esta panadera, que también hace de dependienta en las tres tiendas que la empresa tiene en las localidades de Íscar y Olmedo.

 

Aunque esta “implicación” por parte de los clientes ha hecho más fácil su labor, Beatriz Romo reconoce que adaptarse a la situación, como para muchos, ha sido complicado. “Todo ha cambiado muchísimo, no mucho. Siempre cuando terminábamos de trabajar limpiábamos todo, pero ahora desinfectamos incluso a media mañana cualquier zona que se haya tocado”, relata, para explicar que estas tareas han alargado su horario laboral.

 

A parte de marcar una distancia de seguridad entre el cliente y el mostrador, en el local de Pedrajas de San Esteban se ha colocado una bandeja para que los clientes dejen el dinero que pagan por los productos que adquieren. Asimismo, ella y el resto de trabajadoras llevan mascarilla y guantes, aunque nunca tocan el pan directamente con ellos, si no que colocan una bolsa de por medio.

 

 Todos estos elementos de protección se han sumado a su uniforme para intentar evitar cualquier contacto directo con los productos.  “No podemos desinfectar el pan, pero hay que tratarlo bien. Evitamos tocarlo, excepto a la hora de amasar, que no hay más opción, pero cuando sale del horno ya no se vuelve a tocar directamente”.

 

Los trabajadores de las distintas tiendas de la empresa empezaron a tomar estas y otras medidas desde antes del inicio del Estado de Alarma por prevención y para evitar problemas como tener que parar su actividad, ya que el contagio de uno de ellos supondría el cierre de las tres tiendas.

 

Lo hicieron “de un día para otro”, lo que supuso un gran cambio al que ahora ya se han “acostumbrado”. No obstante, Beatriz confiesa que al principio no lo pasó bien: “Siempre he ido contenta a trabajar, pero esos días iba con miedo porque hay que estar pendiente de muchas cosas y tener muchísimo cuidado”.

 

Otro de los cambios más notables que ha experimentado en su trabajo es el cambio de hábitos del consumidor, ya que para reducir las veces que salen de casa algunas personas han optado por acudir una vez a la semana y llevarse varias barras de pan para congelar. “Hay días que por eso te quedas a las diez de la mañana sin pan y otros que te sobran decenas de barras”, lamenta.

 

PREOCUPACIÓN POR LA CRISIS

 

Su negocio se encuentra en un sector que en estos tiempos de crisis social y económica se podría considerar “privilegiado”,  indica, ya que tienen “más jaleo” porque la gente compra productos que antes adquiría en los supermercados y que ahora no encuentra o prefiere buscar en otros sitios para “evitar las colas”.

 

“Ahora vendemos más leche o huevos, productos que antes vendíamos menos porque son más baratos en el supermercado”, detalla, para reconocer que, aunque ahora se mantengan los clientes, tiene “preocupación” por el futuro. “Aunque el pan es accesible y se vende, vemos como otros productos como las pastas o el empiñonado no tanto como antes, porque son más caros”, precisa.

 

Y es que, tal y como asegura, la crisis social acabará notándose también en este sector. “Ahora es el boom, pero pienso que después la gente mirará por su economía, y si hay tres barras por un euro en el super, lo van a coger ahí antes que en una panadería”.

 

Y es que teme por los efectos de esta crisis en su negocio ya que recuerda el impacto de la “crisis del ladrillo”: “La gente se queda sin trabajo y mismamente compran menos pan porque no se preparan el bocadillo que llevaban para la hora del almuerzo”.

 

Mientras aún queda para saber que deparará el futuro y a qué nivel se podrá ver afectado este sector,  Beatriz  continuará madrugando como hace desde hace años para acudir a su puesto de trabajo en los distintos locales de la panadería. A pesar de la dificultad de la nueva situación, lo hará con cierta tranquilidad: “Me quedo con la gente que colabora. Que te tengan en cuenta facilita mucho el trabajo”.

 

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: