Guillermo Hermoso de Mendoza, el sucesor

Fotos: Pablo Alonso

Hermoso júnior cuajó una buena tarde y logró un trofeo en cada toro. Lea Vicens obtuvo un apéndice en el quinto, y Pablo Hermoso, sin suerte, se fue de vacío en el festejo que cerró la feria taurina.

Nada descubriría el lector en estas líneas si decimos que el navarro Pablo Hermoso de Mendoza ha sido uno de los más grandes rejoneadores de la historia del toreo, sino el que más. Revolucionó el arte del toreo a caballo y lo colocó en cotas impensables hasta el momento.

 

Probablemente, en la recta final de su carrera tiene una motivación extra, su hijo. Con apenas 19 años, Hermoso júnior ha irrumpido con fuerza y el cartel que cerraba está feria taurina de Valladolid, con Lea Vicens acompañando a padre e hijo, se ha repetido en multitud de plazas en está temporada.

 

Guillermo lo tiene todo para triunfar: juventud, una cuadra impensable para un rejoneador de su edad, el maestro a su lado y una clase innata, que se adereza con una buena dosis de afición y ambición.

 

Esta tarde lo demostró en Valladolid. Prácticamente no había pasado nada hasta el tercero y el joven Hermoso dejó su tarjeta de presentación. El novillo (el festejo era mixto, pues no ha tomado aún la alternativa) acompañó y Guillermo se mostró solvente con banderillas hiladas al estribo. Su labor creció enteros montando a Ícaro y a Pirata, dos caballos de sobra conocidos por la afición. El rejonazo fue efectivo y obtuvo una oreja que pudieron ser dos, por la petición del público (algo menos de media entrada).

 

Pero la revolución llego en el que cerró festejo y feria. El novillo tuvo buena condición de salida y se desplazó con alegría, lo que le sirvió al navarro para poner en valor su buena monta y todos los recursos que atesora. La labor caló en los tendidos, especialmente cabalgando a dos pistas, en las banderillas cortas, en dos rosas y en un meritorio par a dos manos. Falló con el rejón de castigo y el premio se quedó en un trofeo.

 

Pablo Hermoso ya no es ese torero que embrujaba en cada actuación, aunque sigue conservando esa clase y hondura que hace que sea una delicia verle torear a caballo. 

 

En su primero, que salió hudizo, logró buenos momentos, especialmente a lomos de Príncipe, mientras que en el cuarto Januca dejó detalles muy torero. No le acompañó el ganado al navarro que tampoco anduvo fino con la colación de los castigos, lo que le hizo irse de vacío de Valladolid.

 

Se desquitó Lea Vicens en el quinto, cortando una oreja, de su labor ante el segundo, un manso que se aculó en tablas y puso las cosas muy complicadas a la rejoneadora, que no estuvo demasiada acertada. Pero en el quinto, la francesa templó a su oponente a las dos pistas y ajustó con banderillas al quiebro. Su labor, poco a poco, llegó a los tendidos y fue premiada con una oreja y una ovación en su despedida.

 

Por su parte, el triunfador de la tarde era elevado en volandas y cruzaba la Puerta Grande. Ha nacido un nuevo rejoneador del gusto de la afición vallisoletana: Guillermo Hermoso de Mendoza, y está llamado a convertirse en el sucesor.

 

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