Golpes en el pecho por la Educación

La reacción desde los cargos de responsabilidad andaluces, de uno y otro signo, a las desafortunadas palabras de Tejerina no son más que una muestra de la incapacidad de los dirigentes torpes de encontrar solución a los problemas de la gente.

La que ha liado la ex Ministra vallisoletana Tejerina. En qué momento se le ocurrió salir en Los Desayunos de TVE a decir que un niño de 8 años de Castilla y León sabe lo mismo que un andaluz de 10. Sus palabras no tardaron en hacer arder Twitter, esa red social de debate rápido que canaliza el latir del país y da salida, como vía de escape, a la rabia contenida por cada uno.

 

Y claro, ese ciberespacio se llenó de andaluces muy ofendidos. Como es normal. Y de castellano y leoneses a los que no nos gustan esas desafortunadas declaraciones, por mucho que tengan su base. Los informes PISA son reveladores, y suponemos que en ellos se cimentó la política del PP para lanzar con severidad esa afirmación. Castilla y León lidera en los exámenes de la OCDE mientras que Andalucía se encuentra a la cola en las tres disciplinas analizadas: ciencia, comprensión lectora y matemáticas.

 

Tuiteros andaluces contraatacaron con la noticia de que su región arrasó en los Premios Nacionales de Bachillerato de 2014 (los que galardonan a las notas más altas en España) aunque la lupa puesta sobre la información resta cierto mérito. De los 15 premios, cinco fueron para Andalucía, que cuenta con 8,4 millones de habitantes. Dos obtuvo Castilla y León, con 2,4 millones (y sin entrar a estudiar el número de alumnos en cada caso). Además, como sucede con la Selectividad (ahora EBAU), un caballo de batalla para la Junta de CyL, no se puede saber si esas notas se corresponden a mayor brillantez o a que el listón se sitúa a diferentes alturas.

 

Toda esta polémica, hablando mal y pronto, de a ver qué región ‘la tiene más larga’ desvía el foco del lugar donde de verdad debería estar puesto. Que no nos dividan, porque todos estamos en el mismo barco. La educación es la mejor herramienta para asegurar la prosperidad de una región y de un país, de asegurar riqueza y de fortalecer valores como el civismo y el respeto por los demás y nuestro entorno. Por ello no debe quedar reducido a una pelea entre comunidades ni entre partidos. Que algo tan noble no lo bajen al barro de la Política.

 

La reacción de los cargos de responsabilidad andaluces (desde Susana Díaz hasta los líderes del PP y Podemos en la región) se han dirigido a recriminar las palabras de la ex ministra. Correcto. Pero en ningún caso han hecho autocrítica, ni se ha entrado a valorar por qué los resultados de Andalucía son unos de los peores del país. La inteligencia innata de cada uno no depende del lugar en el que naces, eso está claro. No se es más listo por nacer en Sevilla, Valladolid, Berlín, Managua o Yuba. Por lo tanto la raíz está en condicionantes sociales que limitan las posibilidades del alumno, que primero hay que identificar y luego arreglar. No vale con darse golpes en el pecho diciendo lo maravillosos que somos, mientras miramos a otro lado para no ver los problemas. 

 

Un consejo que también nos debemos aplicar en Castilla y León, donde sí, nuestros resultados académicos destacan por encima de la media y, por lo general, estamos muy orgullosos de nuestro sistema educativo y de la labor que hacen profesores y familias al respecto (no podemos olvidar esto). Es un mérito de todos -a pesar de que precisamente el gobierno del que formó parte Tejerina ha dañado a la escuela pública-. Pero aquí tenemos un problema mayúsculo: gran parte de ese talento tiene que emigrar por falta de oportunidades, enriqueciendo a otras regiones mientras nuestros pueblos y ciudades mueren agónicamente.

 

En definitiva, vamos a aplicarnos ese refrán de más vale ver la paja en el ojo propio antes que la viga en el ojo ajeno. Y trabajemos, todos, para tener una educación de calidad que sea los cimientos de nuestro mundo, y para que esos alumnos, cuando se conviertan en trabajadores, pueda quedarse en su tierra si así lo desea.