Giorgio de Chirico

La crítica cultural de Ágreda.

Este cuadro que estás mirando de Giorgio de Chirico (1888-1978) se titula “Plaza de Italia” y ya se observa el misterio magnético que desprende este pintor con sus rincones y plazas casi sin gente, la mayoría despobladas y con su característica marca de la casa, geometrización de los espacios donde la luz y la sombra no tienen horario ni falta que le hace.

 

Las sombras en los cuadros de GdCh proyectan una melancolía y una penumbra que siempre conduce al silencio, al bálsamo del silencio, y a la búsqueda de un lugar para la memoria. Somos las personas las que damos vida a los hogares, a las plazas, a los edificios. Al principio fue el techo, la choza primitiva, las dos manos en la cabeza y todavía no se ha podido superar esa forma. El tejado de las casas es un lujo; para los que pasan frío, la intemperie de la plaza, una desgracia.

 

El tema de la sombra, de las sombras ha tenido una especial relevancia en el mundo artístico y en contraposición, la luz ha desempeñado un papel primordial en la manera de ver y en la manera simbólica de representación. GdCh vivió obsesionado por las sombras y en este sentido se podría decir que es un pintor cristalino y hasta existencial. Gran lector, leía Freud y Schopenhauer, metafísicos como él, que buscan encontrar respuestas a la desolación que les tocó vivir.

 

El único hogar, el castillo más inexpugnable es nuestra mente. Hasta ahora se valoraba la intimidad y la comodidad como avances del progreso. Ahora mismo, con la que está cayendo, parece que el regreso a la naturaleza, a la cabaña sin luz, ni agua corriente, ni internet se impone. Alejados del mundo digital y las prisas, la vida en el bosque, en la cabaña para recordar de dónde venimos, es la mejor solución porque ya sabemos, como sigamos así a dónde vamos a ir

 

Ahora, cuando los derechos democráticos, quién lo iba a decir, se han convertido en un privilegio es imprescindible volver a “la nueva realidad” y alejarse de los idealistas, como bien dijo la Premio Nobel de 2007 Doris Lessing: “Los idealistas son gente muy peligrosa. Las utopías convierten a los hombres en salvajes que se matan los unos a los otros”.