Giacometti

El hombre que representa las figuras de Giacometti es un hombre débil, frágil y solitario. Camina ensimismado, asustado, no puede con su alma, a duras penas es capaz de llevarse, de soportarse  a sí mismo y a los demás. Y sin embargo, todas las figuras poseen belleza, frescura y ritmo. Y diálogo.

 

La sabiduría de las esculturas de Giacometti invita a establecer un diálogo con el otro, con el de enfrente, con el que aplaude. Conecta. Porque las preocupaciones son las mismas y el tiempo también. Es una conversación “sotto voce”  que necesita una atmósfera de silencio. El lenguaje siempre brota de silencio y lo impregna todo, desde lo más particular a lo más sagrado.

 

Las figuras de Giacometti, son machadianas, hablan siempre con el hombre que llevan dentro. ¿Hacia dónde se dirige El hombre que camina? Pues ni más ni menos se dirige a un lugar donde le dejen en paz y pueda sentirse libre de cualquier atadura humana. Busca un lugar donde se sienta libre alejado del miedo y de los otros. El infierno son los otros, ya los sabemos por Sartre.

 

El hombre que camina data de 1947, mide 67,30 centímetros y lo funde Radier, el mismo fundidor que tiene Rodin, Bourdelle y Maillol. Se muestra al público por primera vez en New York en la  Pierre Matisse Gallery en la exposición celebrada en 19 de febrero de 1958.

 

Esta obra se ha convertido en paradigma del hombre moderno. Cuando te fijas en su postura ves a tu padre caminando por eso nunca se te olvida y siempre te acompaña. Invita a la reflexión inevitablemente. Ya no hay  tiempo para superfluo, lo innecesario, para llevar al perrito a la peluquería. NO.

 

La misión del arte es aspirar a todo, a comprender todo. Todo menos ampararse en la simpleza. Ya lo decía Pepe Isbert en la película de Berlanga El Verdugo… ese es un simple y todos entendíamos lo que quería decir.

 

Cuando El hombre que camina te entra por los ojos ya sabes, eres consciente del poder que atesora. El poder de esa belleza moteada por el tiempo que coloca las cosas en su sitio y da tranquilidad. Giacometti era un artista inconformista, como no podría ser de otra forma. Una artista que deja su testimonio de su paso por la tierra, sus figuras muestran la existencia mortal que atraviesa los días, las estaciones, el amor.