Foces canta en el pregón de Rioseco "el valor, el orgullo, el honor y la hermandad" de los cofrades

Ignacio Foces, durante su intervención en el Pregón de Rioseco. ALBERTO MINGUEZA

El periodista terracampino pronuncia un emocionado pregón en la iglesia de Santa María que ha dedicado a los cofrades. "La Semana Santa de Rioseco no hay que comprenderla, hay que vivirla".

José Ignacio Foces, ha cantado las “cualidades que adornan a los cofrades, en particular, y a los riosecanos, en general": “Valor, orgullo, solidaridad, hermandad, auxilio, atención, equilibrio, honor e, incluso, democracia”, en el pregón de la Semana Santa de Rioseco que ha pronunciado en la iglesia de Santa María de Rioseco, ante la talla de La Soledad.

 

Para Foces “lo más democrático, lo que iguala a todos, es un tablero de cualquiera de los pasos. Con los tacos de madera que se colocan para cargarlo. El tablero procesional es la mayor garantía de igualdad entre los cofrades”.

 

El subdirector del Norte de Castilla ha compartido el secreto para acercarse a la Semana Santa de Medina de Rioseco: “hay que vivirla, dejándose enseñar”. Foces, siguiendo el consejo de fray Carlos Amigo, dice que no hay que tratar de “comprender algunas cosas, sino de vivirlas”.

 

El periodista, muy conocedor de la Pasión riosecana, ha confesado al inicio de su pregón sentirse “impresionado, estremecido, sobrecogido, abrumado, conmovido y en plena agitación” ante tal encargo, que ha realizado “con la humildad por bandera, la fuerza que he pedido a Dios y prudencia para no hablar de lo que ustedes ya saben, sino informarles de cómo les vemos los demás y de lo que ustedes nos enseñan desde su Semana Santa y su vocación cofrade”.

 

“Nada hay tan sobrecogedor como el silencio que se crea cuando el cadena golpea con su mano el tablero y grita “¡Oído, a rezar!”.

 

José Ignacio Foces ante la talla de La Soledad explicó su elección: “Mi madre se llama Soledad y hoy siendo el Día del Padre, mi madre lleva toda la vida ejerciendo de madre y padre, porque una fatídica curva a la entrada de Fontihoyuelo se llevó la vida de mi progenitor cuatro meses antes de nacer yo”. Foces dice que este homenaje es extensivo “a todas las madres de Rioseco” porque ellas son “las encargadas de cuidar la Semana Santa”. “Siempre hay madres en los soportales al paso de los pasos, y en las filas, alumbrando la procesión. Y junto al Arco de Ajújar, acompañando a la Virgen de la Cruz en la Rodillada. La figura de la madre es nuclear en las procesiones riosecanas”, ha dicho.

 

“¡Oído, Rioseco!¡Oído!”. Así ha querido ir estructurando su pregón el periodista, quien también ha tenido palabras para los más pequeños:Cada niño es un permanente medidor imaginario de la altura de cada puerta de las Iglesias y de la Capilla, pensando constantemente en cómo superar por ellas la salida de tal o cual Cristo, de tal o cual Virgen, de este o aquel tablero, cavilando cada segundo cómo sortear el paso de su Cristo entre los balcones de la Calle Mayor. Esto es Rioseco, la Jerusalén de Castilla”, ha testimoniando.

 

No se ha olvidado el pregonero de los sonidos en la Pasión riosecana: “Nada hay tan sobrecogedor como el silencio que se crea cuando el cadena golpea con su mano el tablero y grita “¡Oído, a rezar!”. Solo hay silencio”, o el “golpe de las horquillas sobre el suelo”, o el sonido “trágicamente templado” del tapetán y el del Pardal “el único que no entra a los riosecanos por los oídos, porque la trompeta del Pardal entra directamente al corazón”.

 

“Cada hijo de Medina de Rioseco es embajador de su ciudad, por nacimiento, convencimiento y ejercicio”, ha asegurado el periodista quien ha argumentado que “todos ustedes componen el mejor y más completo cuerpo diplomático del mundo”, del cual el decano” es Fray Carlos Amigo.

 

Por último, ha definido la capilla de los Pasos Grandes comoel corazón del gran cuerpo de la Semana santa que es todo en Rioseco”. “Ese corazón ofrece el pálpito de toda la ciudad y muestra emociones, sensaciones, imágenes e impresiones”. Foces se ha despedido en el altar de la iglesia de Santa María gritando “a los cuatro vientos”. “¡Es Semana Santa en la Ciudad de los Almirantes, es Semana Santa en la Jerusalén de Castilla!”.

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