Festival India

¡Qué bien sienta al cuerpo la música de Ambi Subramaniam Ensemble! Escucharla es un ejercicio de soledad, relajación, introspección y reflexión. Durante más de una hora los intérpretes desplegaron talento, compromiso y experiencia. Y eso produjo una serie de sensaciones placenteras en el oyente, estaba a gusto, no tenía prisa por irse a casa.

 

Decía el otro día Benicio del Toro que muchas veces se dice más con el silencio que con las palabras. Que es muchas veces más fácil sentir las cosas que decirlas. Mientras camino hacia el coche para volver a casa, me pregunto si seré capaz de contarles la naturaleza, la musicalidad y la vestimenta que presenta Ambi Subramaniam Ensemble. Las palabras se las lleva el viento, dice el refrán, pero no estoy de acuerdo.

 

El sonido que se escucha esta noche en la Sala de Cámara del Auditorio Miguel Delibes es una forma de energía que llega a través de las ondas, y esa energía no desaparecerá hasta bien entrada la madrugada. Energía y placer. Los 29 minutos exactos que duró la primera pieza que interpretaron me produjo un placer vicario, una felicidad derivada de la armonía de la música que entraba por los pies y se fijaba en el entrecejo de manera profunda, gratificante, como el primer baño de verano en la Playa La Barrosa.

 

Música que te alejaba del planeta tierra. Mi reacción no era de placer propiamente dicho, sino de felicidad. Era un sentimiento moral, por así decirlo. Allí, a kilómetros y kilómetros de la tierra todas las cosas se reducen a proporciones relativas y todo es verdadero. Con sospechosa felicidad se disipan la indiferencia, el desprecio, la desmemoria, el dolor y te entran unas ganas locas de perdónate que "¡pa qué!".

 

Todo lo que necesita Ambi Subramaniam cabe en un estuche de fibra para llevar el violín, no necesita más. ¿Qué música es esa que mece el mundo? Como escribe Rabindranaz Tagore “oye corazón mío, la flauta de mi Amigo, que en ella está la música de olor de las flores del campo, de las hojas relucientes, del agua relampagueadora, de los parajes en sombra donde zumban las abejas. Su flauta le roba la sonrisa de sus labios y la echa sobre la vida”.