Fariña
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Fariña

El murmullo del público comienza a desaparecer poco a poco a medida que las luces de la sala se apagan. Es en ese preciso instante  cuando tienes que dejar de ser tú mismo para convertirte en una persona creyente y humilde. Empieza  el espectáculo;  comienza Fariña. Arriba el telón.

 

Hay que estar dispuesto, ser capaz de unirse ya con la primera escena y fijarse y disfrutar de este magnífico elenco que componen Fariña. Sus interpretaciones te permiten permanecer de verdad dentro de lo que está pasando, te permiten durante más de ciento cinco minutos compartir su universo, su universo teatral.

 

Actores y actrices que no aflojan en ningún momento, ¡madre mía que despliegue! No dejan de hablar, de bailar, de cantar,  ni  de cambiar de personajes. Todo arropado por una escenografía y una sabia iluminación de Laura Iturralde.

 

Una de las grandes virtudes de Fariña es  que  exhala convicción de principio a fin. Ya saben ustedes de qué va la historia, no.   Con la gran ventaja en estos tiempos que corren que  durante la obra   no te dicen lo que tienes que pensar, ni lo que tienes que sentir, ni te echan la bronca.

 

Como todo el elenco tiene mucho talento la trasmisión de los personajes es sincera y sencilla. Muchas situaciones ya las conocemos por la prensa o las hemos visto en la vida real: la droga mata y por la costa gallega ya se imagina ustedes. Pero las emociones que regalan las actrices y los actores al público del Teatro Calderón   se vuelven reconocibles. Es cierto, se puede conocer el mundo a través del teatro, ¿quién lo duda?

 

José L. Prieto y Nacho Carretero han hecho un buen trabajo. La dirección de Tito Asorey ha sabido inculcar al elenco una apabullante fuerza interpretativa que el espectador agradece y reconoce a la legua. La escenografía de Jose Faro, Coti crea la atmósfera precisa para cada situación dramática o jocosa.

 

 Ver en el teatro Fariña es en definitiva  una experiencia directa que vincula al espectador con los problemas del narcotráfico, la tragedia que acarrea el consumo de drogas, la corrupción política pero de una manera inteligente y muy imaginativa. Es una experiencia que llega al tuétano del espectador pero sin querer adoctrinar, simplemente mostrando los hechos para que el espectador utilice su imaginación y su memoria y  luego   saque sus propias conclusiones. No se la pierdan.

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