Existo, luego pienso

La exposición 'La invención del cuerpo. Desnudos, anatomía y pasiones', en El Museo Nacional de Escultura es fascinante y magnética. Exige, por supuesto, de explicaciones que excite la imaginación del contemplador exigente y sensible. La luz que desprenden ciertas obras son un don, una revelación que hay que descubrir.

Cuando entras en la exposición del Palacio de Villena se tiene la sensación de entrar en trance, miras las piezas, los cuadros, los libros como si estuvieras en un escenario, un escenario extraordinario que te transporta a una gran capital europea y no a una modesta ciudad castellana.

 

Y además, si se tiene la oportunidad de recorrer la exposición de la mano de María Bolaños, el disfrute está garantizado. Cuentan que el mayor placer de María Bolaños es levantarse en medio de la noche para hojear la exposición. El destino le ha regalado algo valioso: ve muy bien, no en el sentido de tener más o menos dioptrías, sino porque se le da bien buscar en cada objeto una especie de mirada del corazón que impacta en el que escucha.

 

No hay nada más placentero, a las once en punto de la mañana, que desayunar en El Corte Inglés y después pasarte por El Palacio de Villena y recorrer sus salas rodeados de desconocidos. Las travesías más intensas se pueden realizar a paso lento, sin compañero alguno. Porque para mirar es obligatorio ir solo. Aquí el lujo verdadero consiste en mirar lo que te viene en gana, lo que te apetece, lo que se te antoja.

 

No tienes que mirar con los ojos de la cara, tienes que mirar con el ojo de ver, con el ojo de interpretar, con el ojo de sellar el tiempo, sin ataduras de ninguna clase. Con el ojo que te retrata cuando estás mirando.

 

Los espectadores tienen que sentir y oler la exposición. Para sentirlo, primero se necesita –por eso esta exposición es exigente- pensarla, y para pensarla hay que entenderla. Algunas veces los visitantes a la exposición quieren explicaciones concretas, aquí sobran. Aquí, se necesitan pensar y sentir. El placer está en el pensamiento.

 

Como bien escribe Antonio Damasio, neurocientífico portugués, la actividad cultural comenzó profundamente unida a los sentimientos y esa unión ha permanecido intacta hasta nuestros días. Hay cuadros que nos emocionan y eso nos hace sentir mejores personas. La idea que suscribe Damasio en su imprescindible libro, El extraño orden de las cosas, es que la actividad cultural comenzó profundamente unida a los sentimientos y que esa unión ha permanecido intacta. De eso va esta exposición.

 

Valladolid. Museo Nacional de Escultura. La Invención del Cuerpo. Hasta el 4 de noviembre 2018.

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