Estrella Morente

Hay músicas que entran en tu vida como quién desliza sus dedos por un cristal. “Yo t´estoy queriendo a ti/ con la mesma violencia/ que yeba er ferro-carri”. Estrella Morente puso el cartel de no hay billetes en el Estival Uva 2018 pero faltó emoción, aliento y corriente para llegar al público.

El flamenco, escribe Caballero Bonald es un arte propio de gente errática, menesterosa, vinculada a un clima tabernario, prostibulario. Amigo de Agujetas y de Terremoto, entre otros, dice que detesta el purismo en todos sus órdenes. A partir de que el flamenco deja de ser clandestino y obedece a otros estímulos pierde la esencia.

 

El cantaor siempre ha sido un poco lunático, y canta según le han enseñado sus ancestros. Mis primeros recuerdos, dice Estrella Morente, siempre han estado rodeados de música. En mi casa, en Granada, todos cantaban y tocaban, toda mi familia y todos los amigos que venían a mi casa. La música ha sido el territorio de mi infancia. Crecí entre guitarras, soleas, seguiriyas, … Su padre, Enrique Morente, un grande del flamenco, un sabio que heredó de sus mayores una sabiduría de la sangre y ciertas dosis imprescindibles de locura.

 

El flamenco, el arte en general, tiene como fin despertar emociones, provocar algo en quien lo escucha, en quien vive ese momento. Decía el Maestro “Antoñete” que cuando en Las Ventas la parroquia comía muchas pipas es que se estaba aburriendo soberanamente. Lo mismo se podría decir del público asistente al Estival Uva, si cuando canta Estrella Morente, el personal no mueve los pies, malo, es que se está aburriendo.

 

Y eso fue lo que sucedió. El sonido dejó mucho que desear. Llega al espectador que hace daño a los oídos, alguna forma tiene que haber de corregir este asunto, porque es evidente que chirría. Después, los cantaores que acompañaban a Estrella, no sé, de cantar poco, más bien lo suyo era chillar, si parecía que les estaban arrancando la piel a tiras, madre mía. Un poco de mesura. Y de los guitarristas, tengo la impresión que de flamenco tocan poco, si levantara la cabeza Melchor de Marchena se llevaría las manos a la cabeza.

 

En definitiva, al concierto de Estrella Morente le faltó una cosa esencial: alma. Como dice Antonia Santiago, una de las pocas bailaoras de flamenco “puras”, una de esas que cuando baila no hace gimnasia, cuando le preguntaron que era un olé, contesto: “cuando haces un arranque, o un repique que improvisas y que te sale bien y entonces llega esa corriente y esa corriente llega al público, y ese olé que dicen es un amén”. Pues eso.

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