Esto no es la Casa de Bernarda Alba

Una obra de teatro quiere ser un puente. Una vez construido puedes pasar a la otra orilla y contemplar todo su esplendor. Todo su poder. Aparece ahí, delante del público rugiendo. Retroalimentándose. Es el clímax, el prodigio de la epifanía del teatro lorquiano. Lorca, una leyenda que vive en el espectador.

FICHA TECNICA. Valladolid. Teatro Calderón. Esto no es la Casa de Bernarda Alba. Versión de José Manuel Mora. Dirigida por Carlota Ferrer. Vestuario: Ana López Cobos. Intérpretes: Eusebio Poncela, Oscar de la Fuente, Igor Yebra, Jaime Lorente, David Luque, Julia de Castro, Carlos Beluga, Guillermo Wickert, Arturo Parrilla y Diego Garrido.

 

Iluminación blanquísima del interior de la Casa de Bernarda Alba. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. (…) Al levarse el telón esta la escena sola. Se oyen doblar las campanas.

 

¡La atmósfera lo es todo! Con media hora de adelanto comenzó la obra de teatro. Cuando tomaban asiento los espectadores ya estaban las máscaras de Lorca pisando las tablas. El teatro de Federico García Lorca, escribe Lluís Pascual, siempre es “máscara” -el yo que adoptamos para relacionarnos con el demás- convertida en arte. Esta obra propone claramente compartir la atmósfera creando un medicamento para combatir la soledad. Los personajes de Lorca siempre necesitan imperiosamente darse a los demás. Mientras está ahí el otro, en el escenario, no estamos solos. Y no estamos solos por la sencilla razón de que siempre existe un reflejo por el que estar de acuerdo o en desacuerdo. No hay ni puede haber indiferencia. “Porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja, pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado”.

 

Esto no es la Casa de Bernarda Alba resulta una obra moderna, surrealista y cubista al mismo tiempo. El cubismo de Dalí y el surrealismo de Buñuel dan origen a que el espectador imagine y tenga tiempo para evadirse y no pensar en lo que pasa fuera de la esfera teatral. Esta obra adolece para mi gusto de aspectos que quieren pasar por lorquianos y no lo son. Ahí es cuando esta obra se va por los cerros de Úbeda sin venir a cuento. Claro que esto no es la Casa de Bernarda Alba ¿pero si no es, entonces qué es? Sin venir a cuento resultó la bronca que nos soltó -Adela- mezclando churras y merinas en plan mitinero al final del espectáculo.

 

Al teatro no voy a recibir broncas por parte de los actores, no estoy en la entrega de premios Goya. Un actor, -escribió alguien- es un poeta que escribe sobre la arena a la orilla del mar; el destello de esa poesía dura el tiempo que tarda en llegar la próxima ola…, y el poeta seguirá escribiendo. De lo contrario un actor se consume antes de arder y se nota.

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