Esperando a Scarlatti

Freiburg Baroque Consort interpreta esta noche una música con carácter.

Todos tenemos una música en nuestra memoria. La música está en el origen del hombre.  La que se escucha esta noche en la Sala de Cámara del CCMD es una mezcla de bienestar, tranquilidad y felicidad. Cada uno tiene su propia música en el corazón. La música existe en todo el mundo, en todos los tiempos y en todas las culturas.

 

Freiburg Baroque Consort interpreta esta noche una música con carácter. Esta música atiende, escucha,  trasmite y permite al oyente imaginar que su mundo  está en armonía. Como en armonía conviven la flauta de pico, la viola, el laúd o el órgano. Y la voz. La voz de Mariana Flores. En la Sala de Cámara se crea un espacio para que todos convivamos pacíficamente.

 

El sonido en esta sala no solo llega de forma lineal; también diagonal, vertical, horizontal, de abajo arriba y de arriba abajo, de atrás hacia delante y forma un resultado desconocido y atrayente al mismo tiempo. Pero está música tiene curiosamente un sentido y un significado que sabes conscientemente que te está vedado. Como te está vedado la comprensión completa de Las Meninas de Velázquez.

 

Escuchando la flauta de pico de Isabel Lehmann el oyente se siente –con la primera nota-  capaz de unirse al universo sonoro que propone. La auténtica expresión de la música se encuentra en el mundo de los sonidos y en las reacciones que producen en los espectadores. Todos los sonidos que se escuchan están noche son adaptables  a cualquier situación en la que te encuentres.

 

Las notas cortas, son en cierto modo, una muerte rápida; mientras que la nota  larga es un desafío a la muerte, un modo de rebelarte y luchar antes las adversidades de la vida, de la naturaleza, o como quieras llamarlo.

 

La soprano Mariana Flores llevó al espectador a lugares extranjeros, a lugares extraños donde no se necesita pasaporte, ni es necesario perder la dignidad para visitarlos. Su voz brillaba como el lomo de una foca. Tiene cuerpo y volumen. Domina los colores. Y es hermosa.  

 

La música de Alessandro Scarlatti es juego, sosiego y entretenimiento pero también reflexión, calma, conocimiento y búsqueda. Por eso la Sala de Cámara del CCMD se convirtió por espacio de unas horas en “la morada de la música”.