Esperando a Muti

Para ser un director, se necesita algo más que ser un director. Solo se adquiere la maestría absoluta en el arte de dirigir quien es capaz de poseer talento, una sensibilidad, una mano, una técnica y un instinto con el que se nace y que se entrena. Estamos hablando de Ricardo Muti.

FICHA TECNICA: Viena. Concierto de la Filarmónica de Viena. Sala Musikverein. Director: Ricardo Muti. Programa: Composiciones de los Strauss, Lehar, Waldteufel (Vals de Los patinadores), Von Suppé (Pique Dame), Ziehrer y Nicolai (Alegres comadres).

 

Le vuelve a tocar por quinta vez a Ricardo Muti (Nápoles 1941) dirigir el Concierto de Año nuevo y contagiar a millones de espectadores de la belleza de la música, esa belleza que tiene la música que conecta con la vida como ninguna otra cosa que yo conozca.

 

Muti fue vecino de Herbert von Karajan, los dos vivían en Salzburgo. Cuentan que Muti heredó el mayordomo de Karajan, Francesco que le fue fiel hasta el último suspiro. Lleva con Muti desde el año 1989, año en que falleció Karajan. Tarde noche en Viena. Los intérpretes esperan al maestro. La sala exhala un perfume straussiano. Llega Ricardo Muti con ese pelo que le da un aire a Paul McCartney. Va a comenzar la lección de cómo desmenuzar sabiamente, con humor y sensatez las partituras que se van interpretar el día de Año nuevo. Muti destroza dos batutas por la fuerza que imprime a sus movimientos. Su mente no para de moverse, de unir huracanadamente, mediante la memoria y la vista un mismo tejido: hacer valer su autoridad no solo musical, también humana.

 

La orquesta lo sabe, sabe de la capacidad de liderazgo que tiene Muti. “Se puede dirigir a cualquier edad, -le contó a Jesús Ruiz Mantilla en una entrevista- pero interpretar… Eso no, requiere una complejidad que se adquiere con la vida”. Es conocido el humor del maestro. Nunca se olvida de la intelligentsia que tiene el humor en los músicos que le permite pasar de un compositor a otro con gran ligereza. De vez en cuando, una nota le hace retener el ensayo. Sabe que ensayar es “entrar en la respiración de la partitura”. Si no te lo sabes, no puedes tocar. Los sonidos, por asociación nos llevan a los sentimientos y para eso es imprescindible, primero, individualizarlos, que parezcan íntimos para después transformarlos en otros, en suspiros verdaderos y permita revivir en el oyente otra dimensión del tiempo.

 

Ricardo Muti, mira el reloj, sonríe educadamente a su ayudante, sin forzar la familiaridad, tiene las ideas claras, avanza… ya suenan los aplausos…

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