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Valladolid

Escuelas infantiles en Valladolid: “En la desescalada fuimos las grandes olvidadas y lo seguimos siendo”

Algunos centros privados de Valladolid explican cómo se afronta o se pretende afrontar la nueva normalidad trabajando en la educación de los más pequeños y muestran el descontento generalizado del sector en Castilla y León,  que pide que se “equipare su actividad a la de las escuelas públicas”.

Publicado el 14.08.2020

Las escuelas infantiles privadas de Castilla y León se han sentido “abandonadas” ante la situación del coronavirus por parte de los organismos gubernamentales. Aseguran que no se les ha facilitado un protocolo claro de actuación, que se han planteado medidas inviables y que las instituciones se han librado de toda responsabilidad, dejando todo a la suerte de los propios centros, de los cuales algunos han abierto sus puertas y otros esperan hacerlo en septiembre, en todo caso, dando palos de ciego.



 



A raíz de este descontento generalizado ante la inexistencia de guías y ayudas para afrontar la crisis sanitaria en la desescalada y la diferencia de trato con respecto a los centros públicos, varias escuelas infantiles de la comunidad se unieron para “hacerse oír”, dando lugar a la Agrupación de Escuelas y Centros Infantiles Privados (AECIP) de Castilla y León.



 



Más de 150 escuelas infantiles y guarderías de toda la comunidad autónoma han recogido firmas, se han comunicado con la Junta, con Educación y con Familia y se han movilizado. Sin embargo, continúan sintiéndose “abandonadas a su suerte” ya que la situación, según explican las directoras de algunos centros de Valladolid miembros de la asociación, no ha cambiado mucho.



 



Nuestro papel es fundamental en la conciliación de la vida laboral y familiar, si no existiéramos las guarderías privadas, muchas familias se quedarían sin dónde llevar a sus hijos porque ahora mismo las públicas no pueden hacer frente a todas las plazas. Además damos el mismo servicio y cumplimos con todo lo que se nos exige”.



 



Ana San Juan, directora de las Guarderías Infantiles Educa, en Valladolid y Arroyo de la Encomienda, lamenta que a pesar de estas evidencias, las tengan “olvidadas”, y se las siga “sin equiparar profesionalmente a las guarderías públicas”.



 



FALTA DE PROTOCOLO CLARO Y MEDIDAS INVIABLES



 



Sensación completa de abandono. Muchas de nosotras hemos tenido que abrir porque no nos ha quedado más remedio, no tenemos ningún tipo de ayuda”. Arancha Alzugaray, directora de la Escuela Infantil vallisoletana Piruletas, señala que, a pesar de que las guarderías se han movilizado y “han movido absolutamente todo, siguen igual” que al principio. Ni siquiera tenemos un protocolo propio, no nos han dicho nada y ni siquiera aparecemos en el índice de la desescalada a nivel nacional”.



 



“En la desescalada fuimos las grandes olvidadas y lo seguimos siendo”, añade Ana San Juan. Los centros explican que no existe para ellos un protocolo claro y que tras solicitarlo reiteradamente, la única solución que han recibido es la de “orientarse a través del programa ‘Crecemos’, un programa destinado a las guarderías rurales, inviable para muchos centros de otras características” como los de la ciudad de Valladolid.



 



Además, los protocolos propuestos por las instituciones recogían medidas que “asombraron a las guarderías” debido, según éstas, a su imposibilidad de llevarse a cabo cuando se trabaja con niños tan pequeños, de cero a tres años. La más llamativa y más comentada por las directoras es la que indicaba que se debían marcar cuadrículas en el suelo de dos metros cuadrados para que cada niño permaneciera en su espacio sin moverse de ahí, “algo inviable además de nocivo para los niños”.



 



En cuanto a las ayudas económicas, Ana comenta que se han ido consiguiendo “miguitas”. En Arroyo por ejemplo, explica que han ofrecido ayudas a los autónomos, en Valladolid se ha “sorteado una ayuda entre los centros”, pero falta mucho por hacer.



 



Expone el ejemplo de una  de las medidas propuestas por el gobierno, que señalaba un límite de niños por profesora, lo que supondría aumentar el número de educadoras: “Algo también inviable económicamente, por eso pedíamos las ayudas, si nos ceñimos a los que nos piden necesitamos que nos ayuden de alguna manera para poder cumplirlo, explica la directora de Educa.



 



SITUACIÓN ACTUAL Y EXPECTATIVAS



 



Pocos son los centros que han abierto sus puertas a día de hoy en Valladolid, toda esta situación ha complicado su reincorporación y los que han vuelto a la actividad han notado un notable descenso en el número de niños, que parece difícil aumentar ante la incertidumbre que están dejando los rebrotes.



 



El curso se ve muy complicado, nosotras no hemos notado demasiado interés por recibir información y hemos enseñado el centro a pocas familias”, explica Mercedes Román, directora del Centro de Educación Infantil Mafalda.



 



Algunos padres siguen teletrabajando, otros han tomado medidas de otro tipo y otros tienen ese miedo al virus que les impide llevar todavía a sus niños a los centros. A las propias escuelas también les preocupa que, al igual que ya ha ocurrido en varias, tengan que cerrar de nuevo por cuarentena. Algo ante lo que, según comenta Ana San Juan, “no está del todo claro cómo se debería actuar, cómo sería la reapertura, etc.”



 



La directora del centro la Suite Infantil, Beatriz Rodríguez, pone toda esperanza en el futuro. Su centro abrió en junio comenzando con tan solo cinco niños, a día de hoy se ha recuperado pero sin acercarse al número habitual. “Soy muy optimista, si pensase que vamos a tener que cerrar no hubiera abierto. Es cierto que hay que ser realistas, pero en nuestra mano y en la de las familias está el ser responsables”. “Algo que hasta el momento en la Suite se ha cumplido”, Beatriz señala que hasta ahora no han tenido problemas e intenta ver con buenos ojos lo que viene por delante.



 



MEDIDAS DESDE EL “SENTIDO COMÚN”



 



Las guarderías y centros infantiles de Valladolid han ido estableciendo sus propias medidas para poder realizar su actividad intentando garantizar lo máximo posible la seguridad de sus niños, familias y personal. A falta de un protocolo claro, explica Ana San Juan, “desde el sentido común” y desde el punto de vista profesional de la educación infantil. Algunas, como Piruletas y la Suite Infantil, ya las están llevando a cabo, otras, como las Guarderías Educa y el Centro Infantil Mafalda, preparan estas medidas para septiembre, cuando abrirán a los pequeños sus puertas.



 



Toma de temperatura al entrar, limpieza exhaustiva de manos, mucha ventilación, desinfección continua de juguetes y de superficies, y  cuidado en las entradas y salidas de las familias para controlar las distancias de seguridad son algunas de las medidas que comparten los centros vallisoletanos nombrados en líneas anteriores. “En la Suite Infantil tenemos alarmas para lavarles las manos, en las comidas están más separados, a la hora de la siesta en lugar de dormir todos en la misma dirección alternamos pies y cabeza para que las ‘boquitas’ no estén cerca, desinfectamos pomos, zapatos y todas las cosas susceptibles de ser tocadas, etc.”, explica su directora.



 



“Nosotras vamos siempre con guantes, mascarilla y careta, la distancia de seguridad con bebés para cambiarles el pañal o darles el biberón, por ejemplo, es imposible que la tengamos, entonces vamos así, y los niños no pueden llevar mascarilla porque son menores de tres años. Los padres no pueden entrar al interior del centro y en la entrada solo puede haber un padre con un niño.” Así funciona ahora la Escuela Infantil Piruletas, Arancha añade entre otras cosas, que los uniformes se cambian diariamente y que utilizan los productos de limpieza que “Sanidad les ha indicado”.



 



“Los niños no podrán estar en el centro con el calzado de la calle, a la hora de comer estarán más separados, en la asamblea pondremos marcas en el suelo”. La directora del Centro Infantil Mafalda explica que aunque se llevará mascarilla e incluso careta, en algunas ocasiones y manteniendo la distancia de seguridad, tienen pensado quitársela porque “al final necesitamos que les vean la cara, están aprendiendo a hablar y la mascarilla priva a los niños de un montón de sensaciones.



 



En el caso de las Escuelas Educa, se “dividirá a los niños en grupos de cuatro”, que estarán juntos todo el curso y usarán cada grupo su propio material. Para así reducir el contacto pero conseguir que “sigan socializando, algo muy importante en esta etapa de la vida”, concluye su directora.


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