En qué piensan los caballos
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En qué piensan los caballos

Laura Parellada Salinas, la poeta, se asoma a la tarde para ver pasar  los caballos,  para ver el iris de sus ojos y sus pelajes. Anhela pasar los días contemplando como el viento hace jirones los recuerdos que se bifurcan en el camino sembrado de amapolas. Le zarandea la constante luz negra pálida y tallada.

 

Recibí el libro En qué piensan los caballos de la mano de Julio Martínez su editor –Fuente de la Fama-  que me dijo “No te arrepentirás  si lo lees despacio”.  Y desde el primer poema la música cae desgastada como el paso del tiempo puebla la espuma de los días.

 

Laura Parellada Salinas se estremece ante el paso rítmico de las estrellas salpicadas de relinchos y de noches enteras sin dormir. Galopes, miradas, temores frente al tiempo más recóndito y al espacio.

 

Los poemas se impregnan de una carga telúrica que resuenan en el tambor del llano, ante el horizonte sinuoso, lejano e  inabarcable. Habla la poeta y el sonido rítmico puntean los latidos y esa polvareda en el aire que estalla en el camino de vuelta. Habla la poeta con la voz secreta de la biblioteca a oscuras. Todos los recuerdos son auriga invisible de sus lecturas que el tiempo apelmaza sobre la tierra que te cubre  pero yo recuerdo el tacto de tu suave boca, la atención de tus orejas.

 

De repente un caballo surca el horizonte y en su galope  trae miles de relojes de arena de todos los colores del mundo. Me entraste al fondo de la noche ebrio de oscuridad. El ábaco de las horas se precita fugitivo para soñar de nuevo el mismo sueño.

 

La poesía es quizá la literatura más difícil. Entenderla lleva un tiempo. Pero ya sabemos que   especialmente a cierta edad, la vida es sobre todo no entender. Hay quienes abandonar y hay quienes insisten. Laura Parellada nos ofrece la palabra precisa sin abusar de ornamentos innecesarios  que tapen la idea esencial.  El lector tiene que perseverar  hasta encontrar la palabra que le conecte con todo su universo.

 

En qué piensan los caballos te hace reflexionar sobre lo irrepetible, en los cambios de tiempo y sus derrumbes y sobre todo en el brillo de lo que permanece después de haber pasado toda la tarde leyéndolo.

 

No hay temor ni engaño en la dulce voz de Laura Parellada, su voz interior provoca en los otros el contagio. Tienes la sensación que está invitándote  a unirte a ella.   Y suma otro placer este libro: el placer de mirar las imágenes que acompañan a los poemas.