En marzo llega Vasily Petrenko

El Maestro Jesús López Cobos (Toro, Zamora, 25 de febrero 1940- Berlín, 2 de marzo 2018) había creado un vínculo emocional, coherente, rico y humano con la OSCyL y el abonado difícil de olvidar. La muerte -dice un aforismo de Jorge Wagensberg- es la más sorprendente de todas las noticias previsibles.

FICHA TECNICA. Valladolid. Centro Cultural Miguel Delibes. CCMD. Sala Sinfónica. 10 Abono. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. OSCyL. Director: Vasily Petrenko. Violonchelo: Truls Mork. Programa: Serguéi Prokófiev y Nicolái Rimski- Kórsakov.

 

Durante el sentido minuto de silencio que se guardó en la Sala Sinfónica en homenaje al maestro Jesús López Cobos tuve tiempo de recordar sus maneras suaves, justas y convincentes de dirigir la OSCyL. Si había algo que le diferenciaba del resto de directores de orquesta de su tiempo era su manera de dirigir, moderna y sencilla a la vez. Usaba su mano morantista, (la izquierda) para ofrecer la paleta cromática de las melodías de la vida y de la muerte, de la tierra del alma, que tiemblan en los vacíos habitados que diría Anson. Poseía ese aire antiguo, porque era un director de una sola pieza, sin aristas, como la uva rústica que da la tierra de Toro que es amable y fluida, elegante y ligera.

 

Y llegó Vasily Petrenko que dirige la OSCyL con una naturalidad que provoca en el oyente una realidad nueva, le vuelve optimista, a ratos feliz. Es capaz, solo él, de disolver la realidad e invita a darse un paseo por la imaginación en un espacio atemporal donde no existe el tiempo. El tiempo, decía Quevedo, ese enemigo que mata huyendo. ¡El día para descansar, la tarde del concierto para imaginar!

 

El sonido del violonchelo de Truls Mork sonaba profundo, casi humano, estremecedor, delicioso y embriagador que cautiva al Auditorio. Esa es la pura verdad. Era capaz, como diría Juan Ramón Jiménez, de sacar del cuerpo, como una vivienda oscura, el ser más frenético de mi alma encendida.

 

La OSCyL estuvo soberbia, nos ofreció un Rimski- Kórsakov juvenil, misterioso y alegre, fruto de su trabajo severo. Hoy el programa es muy del gusto del abonado y se nota. Tuvo la oportunidad, (el abonado) sin moverse de la butaca de quemar 168 calorías exactas por el incremento de la adrenalina, el ritmo cardíaco y de las contracciones musculares que producía la Sheherezade, op. 35 de Rimski-Kórsakov.

 

In Memoriam de Jesús López Cobos.

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