Empate insuficiente del Real Valladolid en Eibar que le mantiene en el pozo del descenso
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Empate insuficiente del Real Valladolid en Eibar que le mantiene en el pozo del descenso

Imagen del partido disputado en Ipurúa.

Un penalti convertido por Roque Mesa adelantó al conjunto vallisoletano, que después se vio superado por los locales (1-1).

El debate sobre si debe continuar Sergio González como entrenador del Real Valladolid seguirá abierto. El empate de Ipurúa no sirve, solo es un maquillaje insuficiente. Es cierto que el equipo mejoró la deporable imagen de los últimos partidos, pero salvo el tramo inicial que coincidió con el penalti sobre Guardiola convertido por Roque Mesa, el resto fue un monólogo local de intensidad y cerco al área de Masip.

 

Hay ejemplos en la Liga que despiertan el clamor de los aficionados en las redes sociales. No hay público en los estadios, pero twitter recoge esa falta de calor humano y cercanía entre equipo y afición. La dimisión del entrenador del Elche es uno de ellos, pero en el caso del Valladolid ya sabemos que la directiva no quiere movimientos en el banquillo ni su inquilino se plantea dejarlo.

 

Y mientras, pasan las jornadas y el calendario se complica. El próximo rival en Zorrilla será el Real Madrid y las opciones de salvación empiezan a esfumarse porque el equipo, sencillamente, no gana partidos y el entrenador se aferra a sus vicios adquiridos; en Eibar volvió a retirar a un Weismann que no ocultó su enfado, y regaló unos minutos a Michel, como ejemplo de su apego a la vieja guardia.

 

El Eibar acechò el triunfo pero tampoco está para muchos faroles. El testarazo que enganchó Quique González para empatar fue una muestra de su fútbol directo que trataron de resolver a duras penas Bruno y el debutante Miguel Rubio. Precisamente, el central del Promesas estuvo a centímetros de ser el héroe del partido con un gol anulado por fuera de juego. 

 

Pero poco más. No hubo ocasiones y ni siquiera acercamientos al área rival. Es decir, una constante de este equipo que navega sin rumbo en el banquillo y, parece, que tampoco en los despachos.