Els Joglars. Señor Ruiseñor

Santiago Rusiñol era un tipo cosmopolita. Viajero incansable se recorrió España pintado sus jardines. Rusiñol amaba el equilibrio. El equilibrio de la naturaleza sobre todo y su belleza, plasmando “ese trazo exacto de la luz sobre el lienzo”. Granada se convirtió en su paraíso. Se despide de su familia en  Barcelona y muere en 1931 en Aranjuez. Curioso.

 

Señor Ruiseñor permite al espectador conocerse mejor y eso le hace  más tolerante permitiendo un diálogo con el otro. Ya sé que suena utópico que le vamos hacer. Pero eso es lo que veo en esta obra de teatro de Els Joglars.

 

Los actores de Els Joglars atrapan con sus voces,  con el cuerpo y sus cucamonas todo el proceso soberanista  catalán. De sobra es conocido el magisterio de esta compañía para llevar al escenario la verdad del teatro. Llevan a cabo de una manera soberbia los cinco “mandamientos" que tiene que cumplir un actor (la palabra actor nació a finales del siglo XVI como una palabra neutra. Servía para referirse a todo el elenco que actuara con independencia  de su sexo anatómico o de su identidad de género. La palabra "actriz” llegó para especificar el sexo de las intérpretes femeninas: relajación, concentración, emoción, palabra y acción.  

 

Le preguntaron a Tolstói de que iba su novela Ana Karénina y contestó  que iba de Rusia. Señor Ruiseñor va del peligro que supone que gobernar se convierta en un relato sobre el acto de gobernar. Como bien  dice Marc  Bassets  “que el mero actor de gobernar se convierta en un relato, que el líder político actuase como un novelista, nada más”. “Contamos una historia sobre lo que somos. Es nuestro trabajo” le decía Obama a su asesor político y escritor de discursos, Ben Rhodes.

 

Siguiendo con lo que dice MB,  en el mejor de los casos,  los discursos podían servir para explicar una historia a la nación, para unirla y cambiarla. En el peor y ahí entra Señor Ruiseñor consiste en una exhibición vana de retórica; una -sigue diciendo MB- herramienta eficacísima de los nuevos nacionalistas y populistas, un arma de doble filo.

 

El problema reside en como decía Pla, “quien paga todo esto” y tengo para mí que son los españoles los que pagan estas misas como si todos fuéramos feligreses. ¡Y eso escolti tu, no; eso ya no!