Eliot y Jaime, una amistad entre invidente y perro guía que traspasa fronteras
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Eliot y Jaime, una amistad entre invidente y perro guía que traspasa fronteras

Con motivo del Día Internacional del Perro Guía, Tribuna Valladolid ha conseguido hablar con uno de los usuarios habituales

Jaime Catena es de Andalucía pero vive en Castilla y León y es usuario de perro guía. Eliot nació hace 11 años, es un labrador, procede de Estados Unidos y lleva más de cinco años aportando luz a Jaime tras cruzar el océano Atlántico. Se conocieron después de que Catena terminara sus estudios de Derecho. Fue entonces cuando el destino les presentó, cambió radicalmente sus vidas y es “lo mejor” que les ha pasado en la vida.

 


Aunque para algunas personas tener 'un día de perros' es algo negativo y momentáneo, para Jaime representa la cotidianeidad pero con un sentido totalmente inverso y perrunamente positivo. Para Jaime, que tiene una ceguera prácticamente total, tener un día de perros es apreciar una vida más segura, tranquila e independiente. Eliot es su perro guía y le acompaña en todas las actividades que realiza dentro y fuera del hogar. Su dueño nació en Jaén hace 35 años pero hace solamente tres y medio decidió dar un giro personal de 180 grados y se trasladó a Valladolid con Eliot para trabajar en la capital castellana. Ellos son usuario y perro guía y juntos forman una unidad irrompible e inseparable.

 


Tribuna Valladolid se reúne con Jaime Catena que, además de usuario de perro guía, es Presidente de la Asociación de Amigos del Perros Guía y responsable de la Unidad de Servicios Sociales de la ONCE. También conoceremos a su perro Eliot, un labrador de grato pelaje negro y carácter complaciente.

 


Jaime Catena, antes de ser usuario de perro guía, utilizaba bastón. Este es uno de los requisitos que exige la ONCE a las personas ciegas o con discapacidad visual, además de los exámenes psicológicos, médicos y sociales. Sobre estas pruebas, las primeras determinan si las aptitudes y las competencias del potencial usuario son las adecuadas para responsabilizarse de un can de estas características. Jaime explica que un usuario de perros guía debe ser una persona “asertiva, es decir, que “no pierda los nervios con facilidad cuando no te permiten entrar en algún establecimiento, por ejemplo, porque tienes que saber negociar con un bar o con una tienda que te dice que no puedes acceder con el perro”. Después de las valoraciones psicológicas, un trabajador social acude a casa del posible usuario de perro guía para certificar que el lugar de residencia del usuario y del perro cumple los requisitos de habitabilidad, además de corroborar que la persona que se haga cargo del can tenga recursos suficientes para mantener al animal. Todos estos procesos se realizan bajo la supervisión de la ONCE, dado que “si tú no te puedes orientar, si no eres capaz de caminar en línea recta, no te van a dar el perro porque un perro no es un GPS”.

 


No obstante, Catena destaca que los perros guía “son perros que hay que tenerlos muy bien cuidados” e intenta “siempre” darle lo mejor en casa y fuera de ella. En cuanto a desparasitaciones y revisiones veterinarias, la ONCE está muy pendiente del estado de salud de los perros guía y por ello “los controles son muy exhaustivos”. Estas pruebas que la ONCE realiza a los perros guía son de "vital importancia" para el usuario y para el propio animal para que esté en condiciones sanitarias óptimas. Estos chequeos permiten, por ejemplo, que puedan acceder a hospitales, aunque no a quirófanos.

 

CÓMO SURGE LA IDEA


A Jaime, la vida le planteó la posibilidad de tener un perro guía cuando terminó sus estudios universitarios completando un grado en Derecho. Es entonces cuando estudió la posibilidad de tener un compañero de vida muy especial. Catena justifica su decisión dado que era usuario de bastón y se dio cuenta, tras observar a otros usuarios con perro guía, que el perro proporciona “mucha autonomía y seguridad en los desplazamientos”.

 


Eliot es un resplandeciente labrador de pelo negro. Nació, se crió y fue entrenado en Estados Unidos puesto que la ONCE, además de contar con una escuela de entrenamiento de perros guía en Boadilla del Monte (Madrid), también mantiene un convenio internacional con el país norteamericano donde se encuentra la escuela que entrenó a Eliot. Jaime tuvo que viajar hasta EE.UU para recibir la formación pertinente como futuro usuario de perro guía para adecuarse, mutuamente, Eliot y él. Jaime explica que recibió la instrucción “durante un mes” y ratifica que es “de las mejores cosas que he podido hacer en la vida”. Ahora mismo, el tiempo de espera estimado para recibir un perro guía ronda los cuatros años, aproximadamente, aunque “ha habido veces que en dos años, depende de la demanda que haya”.

 


Desde aquel momento, Jaime y Eliot se convierten en uña y carne. La relación entre un usuario de perro guía y el propio animal se denomina “unidad”. Esa unión ha cambiado por completo el día a día de Catena. Este comenta que su vida ahora es un poco más fácil dado que es “más independiente” y llega más “rápido a los sitios”. El vínculo que se crea entre usuario y perro guía va más allá de una relación profesional por parte de Eliot. La unidad se observa en cada paso cuando “tú lo entiendes a él y él a ti” dado que “con un movimiento que hagas él sabe lo que quieres. Yo también lo entiendo a él cuándo hace cualquier cosa, cuando realiza cualquier movimiento, como girar la cabeza o mover la cola”. Estos hechos, para Jaime, son algo “precioso y mágico”.

 

EL DÍA A DÍA

 

Jaime no vive solo. Tiene a Eliot y a su novia y los tres forman un gran equipo. Dentro del hogar, Eliot es como una “mascota normal”. Catena explica que “siempre está jugando en casa, te trae la pelota y es muy bueno”. Eliot es en un perro muy feliz. Jaime comenta cómo es convivir con un perro de estas características: una vez que tú le quitas el arnés, que es donde yo voy sujeto a él para percibir cómo se mueve el perro y para saber cómo tengo que ir yo por la calle, es un perro normal. Eliot se despreocupa si hay un perro y quiere jugar con él, si le lanzo una pelota me la trae, siempre está contento y la vida es como la de otro can que, al final, es lo que se pretende”.

 


Jaime explica que el arnés que lleva Eliot, y al que él va sujeto cuando salen a la calle, es parte de la instrucción que reciben estos animales que dura “de tres a cuatro meses en la escuela y el instructor lo enseña con el arnés puesto”. Durante ese entrenamiento, buscan puntos de referencia para que la persona ciega “se pueda orientar y esquivar obstáculos” con el fin de mejorar la seguridad del usuario de perro guía. De esta manera, cuando lleva el arnés“ya sabe que está trabajando”.

 


El dueño y usuario de Eliot sostiene que para el animal salir a la calle a trabajar es “como un juego” pero también este tipo de perros necesitan eliminar el estrés que acumulan durante su jornada laboral y para ello precisan “ese espacio en el que puedan ser un perro normal, jugar con otros canes y llevarlos al campo a correr”, comenta Jaime. Sin embargo, Catena sostiene que Eliot también hace travesuras, como cualquier otro perro. En una ocasión le robó una galleta a un niño en un parque, explica entre risas. Por ello, Jaime asegura que su peludo “es muy feliz y se lo pasa muy bien”. Como anécdota, Jaime revela que “Eliot ha llegado a ir a clase conmigo porque hice un Máster sobre Discapacidad y Atención a la Dependencia, estuvo conmigo en clase y se pegaba unas siestas... La gente se reía mucho porque se ponía a roncar y decían que cuando roncaba, la clase no era interesante”, cuenta Catena entre risas.

 

¿CÓMO FUNCIONA 'LA UNIDAD'?

 

Por otra parte, la adaptación mutua proporciona un extra de seguridad al salir a la calle“El perro guía hace que vayas más relajado”. Catena aclara que, desde que está con Eliot, no tiene que estar “pendiente de todos los estímulos a la vez” cada vez que decide salir a la calle y pone de ejemplo situaciones que a él le han ocurrido como encontrarse con una puerta abierta de un coche. Si da un golpe con el bastón a un obstáculo “ya estás en tensión”. De este modo, Jaime justifica los beneficios de tener un perro guía puesto que el perro “evita esas situaciones de tensión y puedes caminar tranquilo como cualquier persona”.

 


La unidad que muestran Jaime y Eliot se hace patente en cuanto se les observa caminar por las calles de Valladolid. Catena tardó alrededor de seis meses en adaptarse a Eliot y en un año ese vínculo ya era inalterable. El perro percibe si el dueño está relajado o alterado y por ello es importante transmitir "tranquilidad" al animal mientras está trabajando.

 


No obstante, durante las salidas fuera del hogar, Jaime asegura que Eliot es “el Ferrari de los perros”. Explica que mientras su perro guía está trabajando, por ejemplo, Eliot, si detecta un escalón muy pronunciado, él lo sabe identificar y pone la cabeza en la pierna de Jaime para indicarle que pare. También hay ocasiones que se queda sentado delante de su usuario o se cruza delante de él si hay un coche atravesado dado que el animal sabe que Jaime no pasar por ningún sitio. De esta manera, se queda cruzado para que “me dé cuenta de que hay un obstáculo”.

 


En general, Jaime Catena destaca que la sociedad es más amable si sales a la calle con un perro guía pero matiza que la gente “no es que sea menos amable con una persona que utilice bastón, pero un perro guía despierta admiración, ternura”, asegura.

 


Mientras se desplaza a su puesto de trabajo en las oficinas de la ONCE, Catena destaca la “seguridad y la compañía permanente” y las normas más comunes a la hora de tratar con un perro guía. Una de ellas es que no se les puede dar de comer nada fuera de casa sin permiso de su dueño y/o usuario dado que estos gestos aparentemente amigables con el animal, hacen que estos se desconcentren y no puedan hacer su trabajo correctamente. Otra regla es no despistar al perro dándole caricias puesto que son estímulos externos que el perro, cuando está trabajando, no sabe cómo interpretarlos y, nuevamente, se pueden desconcentrar. Aun así, Eliot es un perro con un entrenamiento y destreza "magistrales" para hacer su trabajo lo mejor que puede.

 


Jaime aconseja a las personas con discapacidad visual tener un perro guía si son personas autónomas y si les gustan los perros dado que “la autonomía va a mejorar muchísimo porque vas a llegar más rápido a los sitios y vas a salir a la calle con menos estrés y te vas atrever a hacer más cosas”, expresa.

 

Catena aclara que los perros guía también están entrenados para desobedecer a sus dueños en caso de que este no se percate de una situación peligrosa para ambos. Esta conducta se conoce como “desobediencia inteligente” y pone por ejemplo “si hubiera un caso en el cual yo le digo a Eliot que avance y viene un coche frente a mí, el perro nunca me va a permitir cruzar, se me colocaría delante”. Es por ello que Eliot se “adapta al ritmo de las aceras”.

 

EN EL TRABAJO

 

Una vez que Jaime y Eliot llegan a las oficinas de la ONCE, Jaime prepara su mesa de trabajo mientras Eliot se acomoda en su cama después de quitarle el arnés de trabajo. En ese momento, Eliot se acurruca y, si se acerca alguien a acariciarlo o a jugar con él, sabe que puede hacerlo.

 


En tanto que Eliot duerme una pequeña siesta, Jaime explica los objetivos de su trabajo. En primer lugar, aclara que en la Asociación de Amigos del Perro Guía “nació con el objetivo de visibilizar y enseñar la figura del perro guía a la sociedad”. Sobre si la Asociación consigue ese objetivo, Catena sostiene que se logra pero “todo cuesta”. Por otro lado, Jaime asegura que la sociedad está concienciada porque la ONCE ha hecho muchas campañas. La Asociación viene a complementar el trabajo de la ONCE, que lo hace muy bien, dando charlas en los colegios o dando paseos colectivos por la ciudad como lo hicimos en diciembre, que nos reunimos 12 perros guía”.

 


Como responsable de la Unidad de Servicios Sociales de la ONCE, Jaime destaca la labor que se realiza en esa unidad dado que “nos encargamos de prestar servicios sociales de las personas ciegas y con discapacidad visual y se dan servicios como el empleo, la educación o la autonomía personal. También valora positivamente que se enseñe la “tiflotecnología, que es enseñar a una persona con discapacidad visual o ciega, manejar un ordenador con un lector de pantalla con un magnificador de pantalla”, finaliza.