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El vino añejo de Alaejos que lava las llagas de Cristo y sana a los enfermos

Como cada Miércoles, los cofrades del Cristo de la Salud y del Atado a la Columna han renovado el rito secular por el cual lavan a las tallas con vino que luego será repartido entre enfermos y fieles.

“Desde tiempos inmemoriales la mañana del Miércoles Santo es muy especial para los vecinos de Alaejos”. Habla Mariano Rubio, el presidente de la Junta de Cofradías de Alejaos, que coordina el rito: la tradición, la fe y la antropología se dan la mano, en un momento emocionante para los cofrades de Atado a la Columna y del Cristo de la Salud, y muy estético para los que, como es el caso de este redactor, por vez primera asisten al lavatorio de las llagas y del paño de pureza de ambas tallas con un vino, previamente bendecido por el párroco y, que más tarde, se ofrecerá a los fieles con supuestas propiedades curativas.

 

Alejados de focos y cámaras, “el rito es para los del pueblo”, dice uno de los hombres más mayores de sendas cofradías. A las diez y media de la mañana, como siempre el Miércoles Santo, se descienden las dos tallas desde sus respectivos altares y se colocan junto al altar mayor de la iglesia de Santa María. El Atado a la Columna, una antigua talla del siglo XVI, se coloca sobre un pedestal. El crucificado es apoyado entre dos bancos. Los mayordomos de cada hermandad repasan las imágenes con un trapo y se retira el polvo acumulado durante todo el año.

 

 

Es entonces cuando el párroco bendice el vino, un caldo rancio añejo de la zona, que reposa sobre una jarra. A partir de aquí, el mayordomo del Cristo de la Salud, recibe el vino y simpre opera de la misma forma: primero las llagas de los pies, mano izquierda, mano derecha y la llaga del costado. El líquido recorre las heridas talladas sobre la madera policromada y caen a una palangana.

 

Cuando acaba la operación, la Mayordoma de Atado a la Columna, hace lo propio con el paño de pureza, concretamente con “la sagrada lazada”, como ella lo denomina. El vino también escurre por la talla y es recogido. Una vez que se han realizado el ritual, el vino que ha lavado las heridas se mezclará con el resto y será repartido entre cofrades y fieles.

 

Cuentan las lenguas de Alaejos que las propiedades curativas son importantes, y que se han dado casos de enfermedades sanadas. Los que no acudan enfermos podrán probar el vino y se les asegurará un buen año de salud. Es por eso que muchos de los vecinos de Alaejos acuden con tarros de vidrio donde guardarán el preciado líquido, para consumirlo cuando fuera necesario.

 

El ritual ha concluido. Ahora los cofrades colocan las imágenes sagradas sobre sus carrozas desde las que desfilarán el Jueves Santo en la procesión de la Pasión del Señor.