El Viernes de Dolores marca el inicio de una Semana Santa amenazada por las lluvias

Procesión del Vía Crucis del Santo Entierro.

El Vía Crucis del Santo Entierro será la primera procesión de las más de 30 que llenarán de Pasión las calles de Valladolid.

La primera luna llena primaveral se está haciendo de rogar este año, aunque ya queda menos para que el 19 de abril el satélite terrestre se asome en todo su esplendor  para ver las tallas. Los ciclos lunares han determinado que en 2019 la Pasión haya tardado en llegar, pero Valladolid ya huele a incienso.

 

El Viernes de Dolores marca el comienzo oficial de una Semana Santa que volverá a tener otro año más la amenaza de las lluvias sobre sus pasos. Según las previsiones oficiales, los primeros días serán tranquilos, pero no está garantizado que esa buena tendencia se vaya a mantener en las jornadas grandes. Aun así, eso no va a frenar a los cofrades, hosteleros, turistas y aficionados.

 

El Vía Crucis del Santo Entierro tiene el honor de subir el telón de procesiones. En ella, la Cofradía del Santo Entierro portará el paso del ‘Cristo Yacente’, obra del maestro Gregorio Fernández, y  saldrá a las 20.30 del Monasterio de San Joaquín y Santa Ana. La procesión cruzará la Plaza de Santa Ana, la calle de San Lorenzo, y la calle de Pedro Niño, para llegar a la Iglesia Parroquial de San Lorenzo Mártir, en cuyo interior se iniciará el ejercicio del Vía Crucis. Una vez terminado, la Cofradía partirá nuevamente hasta la plaza de Santa Ana donde, a la puerta de la iglesia del Monasterio, se rezará la XIV estación.

 

Posteriormente, en la zona de las Delicias tendrá lugar la segunda procesión del día, el Vía Crucis de la exaltación de la Santa Cruz y Nuestra Señora de los Dolores, que partirá de la Iglesia del Carmen. En el itinerario de la marcha saldrán a la calle los pasos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y el de Nuestra Señora de los Dolores, que serán portados a hombros por la Cofradía de la Exaltación de la Santa Cruz y Nuestra  Señora de los Dolores.

 

Estas dos procesiones serán el punto de partida de diez días en los que no faltará la tan querida Borriquilla, en los que se podrán presenciar momentos tan desgarradores como el Encuentro entre la Santísima Virgen de las Angustias con su hijo camino del Calvario, o en los que es recomendable dejarse sorprender con algunos instantes tan desconocidos y emotivos como la procesión del Santísimo Cristo de los Trabajos a su paso por el Campo Grande, casi en tinieblas.

 

Un año más, Valladolid se convertirá en un auténtico museo al aire libre, y no  es una metáfora, ya que el Nacional de Escultura ha cedido nuevamente más de 40 piezas para ser procesionadas.

 

Los puestos de palmas ya están montados, los cofrades preparados –aunque alguno haya perdido su capirote- y la Plaza Mayor, en principio, estará totalmente disponible para los días en los que la ciudad del Pisuerga muestra mayor devoción y solemnidad. Solo la lluvia podría deslucir algo el menú, así que tocará mirar al cielo. Y no solo para rezar.

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